En sus “Comentarios informales sobre la novela de misterio”, publicados en 1949, Raymond Chandler expresó, entre otras cosas:
“La paradoja de la novela de misterio es que, aunque su estructura casi nunca se sostiene bajo el atento escrutinio de una mente analítica, atrae precisamente a ese tipo de mentes, más que a otras. Por supuesto, siempre está el lector sediento de sangre, y el que se interesa por los personajes, y el que busca experiencias sexuales de segunda mano. Pero todos estos lectores juntos apenas representarían una pequeña minoría en comparación con el tipo de gente avispada a la que le gustan las historias de misterio, precisamente por sus imperfecciones. Hay que decir que se trata de un género que jamás se ha pulido del todo, y los que profetizaron su decadencia y caída se equivocaron precisamente por esa razón. Puesto que el género jamás se perfeccionó, tampoco quedó fijado. Los académicos nunca le pusieron encima sus manos muertas. Sigue siendo fluido, demasiado variado para clasificarlo fácilmente, ramificándose en todas direcciones. Nadie sabe con exactitud qué hace que funcione, y no posee ninguna cualidad concreta que no falte en ninguno de los mejores ejemplos. Ha producido más arte malo que ningún otro tipo de ficción, con la posible excepción de las novelas de amor, y, probablemente, más arte bueno que ningún otro género que goce de similar aceptación.
Muéstrenme un hombre o una mujer que no soporte las novelas de misterio y yo les mostraré un tonto, un tonto mañoso, quizá, pero un tonto al fin y al cabo.”

chandler

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