“En algún lugar, hasta ahora sólo imaginado, un cadáver la esperaba tendido en la fría abstracción de la muerte. Un grupo de personas esperaba que llegara la policía, algunas de ellas apenadas, la mayoría aprensivas, una compartiendo sin duda su propia mezcla embriagadora de excitación y resolución”. 

 

 

En esta excelente novela de P.D.James, magníficamente ambientada en una isla castigada por el viento, la niebla y el mar, la investigación policial se centra en torno a la muerte de un conocido escritor. Su facil lectura, la descripción del paisaje y de los edificios como parte esencial de la narración, y la humanidad con que estan retratados los personajes, hacen de ésta, una lectura ineludible. A continuacion dos fragmentos..

“A veces, al despertar se encontraba en el suelo, pero esta noche tenía las sábanas medio enredadas en el cuerpo. En alguna ocasión, el grito dado al despertar alarmó a Miranda y ella apareció, práctica como siempre, tranquilizadora, preguntándole si todo iba bien, si necesitaba algo, si quería que preparara una taza de té para los dos. El contestó: «Es sólo un mal sueño, sólo un mal sueño. Ve a la cama.» Pero sabía que esta noche no vendría. Nadie vendría. Se quedó tendido, mirando fijamente la raya de luz que le alejaba del horror; luego, muy despacio, se levantó de la cama, fue tambaleándose hasta la ventana y abrió de par en par los postigos al amplio panorama de las estrellas y el mar luminoso.

Se sintió inconmensurablemente pequeño, como si su mente y su cuerpo se hubieran encogido y él estuviera solo en un globo giratorio, contemplando la inmensidad. Allí estaban las estrellas, moviéndose de acuerdo con las leyes del mundo físico, pero su brillo estaba únicamente en su mente, una mente que empezaba a fallarle, y unos ojos que ya no conseguían ver con claridad. Sólo tenía sesenta y ocho años pero lenta, inexorablemente, su luz se extinguía. Se sintió intensamente solo, como si no existiese ningún otro ser vivo. Nada podía ayudarlo, ni en ningún lugar de la Tierra ni en aquellos mundos muertos que giraban en el cielo con su brillo ilusorio. Nadie lo oiría si se abandonaba a un impulso casi irresistible y gritaba en voz alta a la noche insensible: «¡No te lleves mis palabras! ¡Devuélveme mis palabras!»”

 

“Y entonces, tan misteriosamente como había bajado, la niebla empezó a levantar. Frágiles y sutiles velos pasaron ante el faro, se juntaron y se disolvieron. Gradualmente formas y colores empezaron a revelarse, y lo misterioso e intangible se convirtió en familiar y real. Y entonces lo vio. Su corazón dio un vuelco y empezó a golpear su pecho con una fuerza que le hizo estremecerse. Debió de gritar, pero no oyó otro sonido que el graznido de una gaviota solitaria. Y poco a poco el horror se fue revelando, primero detrás de un delgado velo de niebla y luego con una claridad absoluta. Los colores reaparecieron, pero con una intensidad mayor de lo que recordaba: las paredes resplandecientes, el fanal rojo en lo alto rodeado por una barandilla blanca, la extensión azul del mar, el cielo tan claro como en un día de verano.

Y en lo alto, recortado contra la blancura del faro, un cuerpo colgado: el rojo y el azul trenzados de la soga que ascendía hasta la barandilla, el cuello manchado y estirado como el pescuezo de un pavo, la cabeza grotescamente grande caída hacia un lado, las manos con las palmas hacia fuera, como en una parodia de bendición. El cuerpo llevaba zapatos, pero en un segundo de desorientación le pareció ver los pies colgar uno al lado del otro en una desnudez patética.

Le pareció que pasaban los minutos, pero sabía que el tiempo se había detenido. Y entonces oyó un gemido agudo y continuo. Miró a su derecha, y vio a Jago y a Millie. La muchacha miraba hacia arriba, a Oliver, y su llanto era tan continuo que apenas podía respirar.

Y entonces, dando la vuelta a la pared del faro, apareció el grupo de búsqueda. No pudo distinguir ninguna palabra, pero el aire pareció vibrar con una confusa mezcla de gemidos, gritos ahogados, exclamaciones, quejidos y lloriqueos, un sordo lamento colectivo realzado por el llanto de Millie y la súbita algarabía de las gaviotas.”

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