Los usurpadores de cuerpos


Un hombre alterado y aterrorizado narra su historia ante los incrédulos ojos de médicos y policías….

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Un niño corre aterrorizado por una carretera. Luego nos enteramos que él afirmaba que su madre no era su madre……

Una joven se muestra preocupada al afirmar que su querido tío no parece ser él…..

Mientras la vida en un apacible pueblo de EE.UU. transcurre con aparente normalidad, el doctor Bennell comienza a preocuparse……

Así, nos vamos adentrando en el terror conjuntamente con él.

Quienes deseen disfrutar una excelente película de terror, no pueden dejar de ver este clásico: “Invasion of the Body Snatchers”

Unas plantas alienígenas, replican, mientras duermen, a los habitantes, y toman su lugar, manteniendo su aspecto, sus recuerdos y  personalidad, pero despojándolos de toda emoción y sentimiento.

“Déjate llevar y despertarás en un mundo sin problemas. No hay necesidad para el amor, la ambición, el deseo. Sin ellos la vida es más simple”… afirmaban en una escena los “nuevos” seres.

Poco a poco, todo el pueblo se va transformando, y unos pocos, tratan de salvarse y buscar ayuda….

Filmada por Don Siegel, en 1956, esta excelente película de bajo presupuesto, refleja la atmósfera de paranoia que se vivía en pleno auge del macartismo…. Y si bien hay elementos terroríficos como las horribles plantas mutantes, el verdadero terror es compartir la angustia y el miedo creciente de los protagonistas; y ,la escena en primer plano del  rostro de quien, al besar a su amada, descubre que ella ya no  es humana , es de antología.

Una muy buena remake la filmó Philip Kaufman en 1978 con Donald Sutherland como protagonista. Aquí, la historia transcurre en San Francisco, pero con la misma atmósfera opresiva y aterradora, y un final más desolador.

En los 90, Abel Ferrara filmó una nueva versión, y, en 2007 hubo otra nueva remake a cargo de Oliver Hirschbiegel.

http://www.imdb.com/title/tt0049366

http://www.imdb.com/title/tt0077745

http://www.imdb.com/title/tt0106452

http://www.imdb.com/title/tt0427392

A disfrutar, entonces de esta joya, en sus distintas versiones, y rogar que, al despertarnos al día siguiente, seamos los mismos.

La máscara de Dimitrios, de Eric Ambler


“Aquí hay un asesino de verdad. Estamos enterados de su existencia desde hace unos 20 años. Este es el dossier de ese individuo. Sabemos de un asesinato que tal vez haya cometido él. Sin duda tiene que haber otros muchos que desconocemos. Este hombre es un caso típico. Un tipo sucio, vulgar, cobarde, una escoria. Asesinato, espionaje, drogas. Esa es la historia……”

 

Eric Ambler (1909 -1998) fue un escritor británico, considerado por muchos, el creador del thriller político y de espionaje, y La máscara de Dimitrios, -publicada en 1939-, es, quizás, su novela más famosa.

 

 “Muchos años, Europa, después de la agonía, imaginó por un instante que sus dolores constituirían una nueva gloria; después, había vuelto a caer en el lodo, en medio de los pavores de la guerra. Nuevos gobiernos habían surgido y habían caído; hombres y mujeres habían trabajado, habían padecido hambre, habían dicho discursos, habían luchado, habían sido torturados, habían muerto. La esperanza había surgido y se había apagado: una fugitiva en el aura perfumada de la ilusión. Los hombres habían aprendido a husmear la materia de los sueños impetuosos del alma y esperaban sin inmutarse que las plataformas giratorias pusieran a los cañones en el sitio exacto para la destrucción.

Y a lo largo de todos aquellos años, Dimitrios había vivido y respirado y mantenido trato con sus extraños dioses. Había sido un hombre peligroso. Ahora, en medio de la soledad de su muerte, junto a aquella escuálida pila de ropas que constituían todo su patrimonio, resultaba digno de piedad.”

 

La Mascara de Dimitrios fue rápidamente llevada al cine. Dirigida por Jean Negulesco en 1944, tuvo como intérpretes a Zachary Scott, y a los excelentes Peter Lorre y Sidney Greenstreet, estos últimos en papeles protagónicos.

Diez Negritos


Diez negritos se fueron a cenar.

Uno de ellos se asfixió y quedaron

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DIEZ NEGRITOS es una de las más famosas novelas escritas por Agatha Christie.

Su argumento es simple: diez desconocidos son invitados a pasar un fin de semana en una isla. Allí comienzan a ser asesinados, uno por uno, de acuerdo a la letra de una canción infantil.

Aunque no es un relato de detectives, ya que no los hay, se plantea una situación común a las novelas de misterio, un grupo de personas reunidas en un lugar cerrado y obligadas a convivir, y en grado creciente, a afrontar miedos, sospechas, angustias y finalmente, sus propias muertes.

“A su pesar los invitados se fueron a sus habitaciones. Si hubiesen estado en una vieja casona con las escaleras y los suelos cimbreantes, con rincones llenos de sombras por todas partes y paredes artesonadas y oscuras, hubiesen podido sentir siniestros temores, pero no se encontraban en tal caso.

En esta vivienda ultramoderna, exenta de oscuros rincones, con luz eléctrica derramada a chorros, todo era nuevo, brillante, resplandeciente, nada podía esconderse de malo, faltaba por completo el ambiente de los viejos caserones atormentados.

Y, sin embargo, inspiraba a los reunidos un temor inexplicable.

Se desearon las buenas noches y entraron en sus respectivos dormitorios. Casi inconscientemente todos echaron la llave a su puerta”.

 

De fácil lectura, es una buena forma de introducirse en el género. La misma autora, rápidamente convirtió la novela original en una obra teatral, la cual, a su vez, fue llevada al cine en muchas ocasiones, siendo la realizada por el gran Rene Clair en 1945 la primera, – y a mi juicio-, la mejor. Y, aunque la isla fue reemplazada en las sucesivas versiones por hoteles en el desierto, safaris africanos o refugios alpinos, en general, en todas se respeta la trama original.

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Así se refiere la autora a su obra:

“Había escrito Diez negritos porque era tan difícil de realizar que la idea me fascinaba. Tenían que morir diez personas, sin caer en lo ridículo, y sin que se viera fácilmente quién era el asesino. Escribí el libro después de una planificación concienzuda y el resultado me gustó. Era claro, directo, de solución nada fácil, aunque la explicación fuera perfectamente razonable, tal como se aclaraba en el epílogo. La obra gustó y tuvo buena crítica, aunque quién se quedó realmente encantada fui yo misma, pues sabía mejor que ningún crítico lo que me había costado escribirla”

Un negrito se encontraba solo.

Y se ahorcó y no quedó…

¡Ninguno!

Testigo de Cargo


Testigo de Cargo es una excelente película filmada en 1958 por el gran director austríaco Billy Wilder. Está basada en una popular obra de teatro de Agatha Christie.

Cuenta con un gran reparto, donde destacan primerísimas figuras del cine, como Charles Laughton, Marlene Dietrich, Tyrone Power y Elsa Lanchester.

Su trama es simple, Leonard Vole, un hombre agradable y simpático, es acusado del asesinato de una acaudalada señora que lo había dejado como beneficiario en su testamento.

Las pruebas circunstanciales en su contra parecen abrumadoras, pero un prestigioso abogado se dispone a defenderlo.

Sobre la génesis de su obra, en su Autobiografía, Agatha Christie afirma:

“era una de mis piezas preferidas; me gustaba más que casi ninguna otra. Pero no quería escribirla; me aterrorizaba hacerlo. Peter Saunders, que tenía grandes dotes de persuasión, me forzó, me intimidó amablemente uy me aduló con sutileza:

  • Por supuesto que puedes hacerlo
  • Pero no sé una palabra sobre procedimientos legales. Me haría un lío
  • Eso no es un problema. Tu estúdialo y luego tendremos a mano un abogado para corregir anomalías y supervisar que todo vaya bien.
  • No puedo escribir la escena de un juicio.
  • Claro que puedes, has visto representadas muchas escenas de ese tipo. Puedes estudiar vistas de causas.
  • No sé… No creo que pueda.

Peter Saunders continuó diciendo que, por supuesto, podría, y que empezara pronto porque quería la obra rápidamente. Hipnotizada y, como siempre, sometida a l poder de su sugestión, me leí cantidad de ejemplares de la serie Juicios Famosos, consulté con pasantes y abogados, y, al final me interesé sobre el tema. Me di cuenta de que estaba disfrutando, de repente, en uno de esos maravillosos momentos de tremenda inspiración que por lo general duran poco, pero que te llevan a la orilla como una larga ola. <Esto es fantástico; lo estoy haciendo; esto funciona; ahora, como va a seguir la cosa> Es el preciso momento de verlo todo claro, no en el escenario, sino en la mente. Ya está todo. La trama real, el juicio real – todavía sin el Old Bailey porque no había estado en él –  todo el esquema de la escena ante el tribunal, grabado en mi mente. Veía al joven desesperado y nervioso sentado en el banquillo y a la misteriosa mujer que llega como testigo a declarar, no en favor de su amante sino apoyando al fiscal. Es una de las obras que he escrito con más rapidez”

 

Pese a que hay una investigación de asesinato de por medio, la película está narrada con mucho humor, por ejemplo, los cruces verbales y comentarios del juez, y los abogados durante el juicio.

Como si fuera una película dentro de otra, la interacción y los irónicos diálogos entre el abogado y su enfermera, interpretados magníficamente por Charles Laughton y Elsa Lanchester, (matrimonio en la vida real) son de antología, y, por si mismos, hacen que valga la pena ver esta película una y otra vez.

Billy Wilder, que filmó esta película por pedido de Marlene Dietrich, atribuyó el éxito de la misma a la labor de Charles Laughton en el rol principal.

Por último, cabe destacar la maestría con la que el director introduce elementos para reafirmar el suspenso o la acción dramática, al mejor estilo Hitchcock, como cuando, hace que el monóculo del abogado haga brillar la luz sobre el cuchillo.

En definitiva, Testigo de Cargo es una magnífica obra que merece ser vista una y otra vez, y que, sin duda, disfrutarán todos los amantes del suspenso, y todos los amantes del buen cine.testigo-de-cargo

Double Indemnity


“Yes, I killed him. I killed him for money – and a woman – and I didn’t get the money and I didn’t get the woman. Pretty, isn’t it?”

Estas palabras pronunciadas por el protagonista casi al inicio de la película dan comienzo a un extenso flash back, que dura casi todo el film, donde se cuenta la historia de un crimen, y de unos criminales, historia cuyo final ya se nos anticipa….

Con guión de Raymond Chandler, y basado en una novela de James M. Cain, Billy Willder, en uno de sus primeras incursiones como director, nos presenta este gran film de 1944, que contiene muchos elementos de lo que, por aquella época, los franceses comenzaron a llamar el “Film Noir”.

Ambientado con la inquietante banda sonora de Miklos Rosza y la fotografía en blanco y negro de John Seitz, vemos a un agente de seguros – interpretado por Fred MacMurray llevado al crimen por una hermosa y despiadada mujer -inigualable Barbara Stanwyck como arquetipo de “mujer fatal” y un excelente Edward G. Robinson, como visagra de esta historia de ambición, amor, odio, crimen y amistad.

En su biografía de Billy Wilder, “Nadie es Perfecto”, el periodista Hellmuth Karasek, afirma:

“ La película de Wilder en este género [el negro]  es un acto pionero y una obra maestra. Y su película introduce algo radicalmente nuevo: los delincuentes de su película no son criminales profesionales, no pertenecen a la mafia ni a una banda, son personas normales, de clase media, arrastradas por la ambición y la pasión sexual.

Igualmente radical es el hecho de que sea el mejor amigo quien descubra el delito, más bien con tristeza y contra su voluntad, y en modo alguno como un triunfo de la justicia. Así que el espectador se pone de parte de los asesinos y teme a la justicia, solidarizándose con los protagonistas..”

El prestigioso periodista y crítico de cine uruguayo, Homero Alsina Thevenet al momento de su estreno, afirmó, en la revista Marcha * del 2/3/45 lo siguiente:

“La TESIS MORAL es la de que el crimen “no paga”; la tesis intelectual es la de que el crimen puede ser un buen negocio si ese crimen es perfecto. La naturaleza humana (la ausencia de perfección en la inteligencia humana, la ausencia de un total dominio de la inteligencia sobre toda otra función humana) se inclina a ratificar la primera tesis. Como queda magistralmente expuesto en Crimen y Castigo, importa algo más que la perfección intrínseca del crimen, importa la perfección en la conducta del criminal porque de la serenidad mantenida, de la fingida indiferencia con que debe enunciar sus compuestas coartadas, depende el evitar que caiga sobre él una primera sospecha que le será luego fatal. Esas coartadas no son perfectas si, como en el caso, son dos los criminales y no existe un absoluto y riguroso entendimiento entre ellos.

Esta película no es policial en el sentido que el término pueda explicar de búsqueda de un anónimo culpable. Desde un principio sabemos su identidad, sabemos el origen y la realización de un crimen. La película es psicológica, inteligente, (es decir, original); se dirige con más rectitud a estudiar la evolución de sus personajes (afectados por la confianza en su inteligencia al tiempo que por el temor de sus errores) que a desentrañar ocultos factores de su trama. Tal contextura de film exige un rigor lógico, una observancia del detalle, un diálogo ceñido, una colaboración perfecta de cámara y de música y de intérpretes. Por poseer tales virtudes, por lograr, sobre todo, una unidad completa de ellas, por ratificar en su director Billy Wilder a una de las personalidades más netamente inteligentes de las que Hollywood nos ha mostrado como tales (Orson Welles, John Huston), la aplaudimos y recomendamos…”

*En Homero Alsina Thevenet, Obras Incompletas tomo 1

 

Ficha Técnica:

 

Título original: Double Indemnity (También  se estrenó en varios países con el nombre de Perdición, y,  Pacto de Sangre)

Año: 1944

Duración 106 min.

País: Estados Unidos

Director: Billy Wilder

Guión :Raymond Chandler, Billy Wilder (Novela: James M. Cain)

Música: Miklós Rózsa

Fotografía: John F. Seitz (B&W)

Reparto: Fred MacMurray, Barbara Stanwyck, Edward G. Robinson, Tom Powers, Porter Hall, Jean Heather, Byron Barr, Richard Gaines, Fortunio Bonanova, John Philliber, Bess Flowers, Miriam Franklin

Productora:  Paramount Pictures

 

 

INGLOURIOUS BASTERDS


 

Si hubiera nacido en la Argentina, seguramente, Quentin Tarantino, que cumplió años días atrás, habría sido fanático del ya mítico ciclo Cine de Super Acción, que nos deleitaba todos los fines por la TV en los 70.  Gran amante del cine, sus películas son un homenaje a todo el cine que vió, – que vimos- , por lo que, al ver una película suya, podemos también hacer nuestro ese homenaje.

No es un cine estilizado ni contiene esos mensajes profundos que tanto gustan a algunos, y, seguramente desde las academias se le pueda criticar mucho como cineasta. Pero sus films entretienen, y eso, es mucho.

Desde el Pájaro Negro, festejamos su cumpleaños haciendo una reseña de su obra. Comenzamos con Bastardos sin gloria. (2009)

 

 

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Esta genial película, expresa lo que el imaginario social desea que pase cada vez que vemos una película sobre la segunda guerra mundial y el genocidio nazi. Narra una historia llena de personajes constituidos como antihéroes con deseos de venganza, que logran mantener la atención de un variado y heterogéneo público. El guión se destaca por sobre todas la cosas; sin dejar de mencionar la excelente actuación;  – en particular el personaje de Hans Landa, interpretado por Cristoph Walz,que a nuestro juicio se roba la película – ,  ya que genera en el espectador una molestia genuina por su actitud beligerante, agresiva e impune – .

La idea de la película, sostienen, está inspirada en “La Operación Greenup” , un grupo militar formado por combatientes, entre ellos,algunos judíos que se propusieron cambiar el rumbo de la guerra, lamentablemente esto no fue lo posible. Las ideas que circulan en cualquier charla entre amigos, conocidos, etc. luego de ver pelis sobre el holocausto o al hablar sobre la segunda guerra son plasmadas por este gran director que logró captarlas y darle su toque tan particular y característico.

Hay que resaltar, además, como suele ocurrir en la obra de Tarantino, la gran referencia cinéfila y la importancia que le da al cine como elemento fundamental del film

Aquellos que no vieron aún esta ya clásica película, no pierdan la oportunidad, es un film para no dejar pasar, y  para disfrutar.

FICHA TÉCNICA

Título original  Inglourious Basterds

Año 2009

Duración 146 min.

País Estados Unidos

Director Quentin Tarantino

Guión Quentin Tarantino

Fotografía Robert Richardson

Reparto: Brad Pitt, Christoph Waltz, Mélanie Laurenz, Diane Kruger, Michael Fassbender, Daniel Brühl, Eli Roth, Til Schweiger, B.J.Novak, August Diehl, Mike Myers, Omar Doom,Sylvester Groth, Denis Menochet, Richard Sammel, Jacky Ido, Martin Wuttke, Julie Dreyfus, Samm Levine, Gedeon Burkhard, Rod Taylor, Christian Berkel, Léa Seydoux

Productora : Coproducción USA-Alemania; Universal Pictures / The Weinstein Company / Lawrence Bender Productions / Neunte Babelsberg Film

 

Sam Spade


Sam Spade es el detective protagonista de El Halcón Maltés, creado por Dashiell Hammett y convertido junto con su colega Philip Marlowe en la figura icónica de la novela y el cine policial norteamericano.

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Maltese Falcon

Así lo presenta el autor al comienzo de su obra:

Samuel Spade tenía larga y huesuda la quijada inferior, y la barbilla era una V protuberante bajo la V más flexible de la boca. Las aletas de la nariz retrocedían en curva para formar una V más pequeña. Los ojos,horizontales, eran de un gris amarillento. El tema de la V lo recogía la abultada sobreceja que destacaba en media de un doble pliegue por encima de la nariz ganchuda, y el pelo, castaño claro, arrancaba de sienes altas y aplastadas para terminar en un pico sobre la frente. Spade tenía el simpático aspecto de un Satanás rubio.

 

Y así lo vemos al final de la novela,

 

Spade retiró la mano. La mueca desapareció como la sonrisa. Su rostro amarillento y mojado estaba helado y profundamente surcado por las arrugas. Le ardían los ojos enloquecidos.

—Escucha. Todo es completamente inútil. Nunca me entenderás, pero voy a tratar, una vez más, de que lo comprendas. Escucha. Cuando a un hombre le matan a su socio, se supone que debe actuar de alguna forma. Da lo mismo la opinión que pudiera tener de él. Era su socio, y debe hacer algo.

Añade a eso que mi profesión es la de detective. Bueno, cuando matan a un miembro de una sociedad de detectives, es mal negocio dejar que el asesino escape. Es mal negocio desde todos los puntos de vista, y no sólo para esa sociedad en particular, sino también para todos los policías y detectives del mundo. Tercero, soy detective, y suponer que voy a correr detrás de quienes quebrantan la ley y que los voy a soltar una vez agarrados, bueno, eso es como esperar que un perro que ha alcanzado un conejo lo suelte. Es algo posible de hacer, lo sé, y que se hace algunas veces, pero no es natural. La única manera de haberte dejado escapar hubiera sido dejar escapar también a Gutman, a Cairo y al chico. Y eso…

—No hablas en serio. No puedes creer que con todo lo que estás diciendo me vas a convencer de que tienen razones suficientes para mandarme a la…

—Déjame acabar, y entonces podrás hablar tú. Cuarto: prescindiendo de lo que quisiera hacer, ahora me sería completamente imposible dejarte escapar, a menos que aceptara acompañar a los otros al patíbulo. Y además, no puedo describir razón alguna para fiarme de ti; y si te dejara escapar y saliera yo con vida, siempre estarías en posesión de un arma contra mí para usarla a tu antojo. Y son cinco razones las que te he dado. La sexta es que, puesto que yo también sé de ti unas cuantas cosas, nunca estaría seguro de que no te ibas a decidir a meterme a mí una bala en el cuerpo. Séptimo, no me atrae lo más mínimo la idea de que ni remotamente pudiera ocurrir que hubieras jugado conmigo como un imbécil. Y octavo… Pero ya es bastante.

Todo ello aconseja lo mismo. Quizá algunas de las razones sean de poca importancia. No lo voy a discutir. Pero ¡fíjate cuántas son! ¿Y qué razón aconseja hacer lo contrario? Tan sólo una: que quizá me quieres, y que tal vez yo te quiera a ti.

—¿Y no sabes si me quieres o no? —dijo ella, en voz baja,

—No, no lo sé. Resulta sencillo enamorarse de ti hasta la locura —dijo Spade, mirándola con apasionada vehemencia de los pies a la cabeza—, pero no sé lo que eso puede significar. ¿Acaso lo sabe alguien cuando se enamora? Pero supón que sí, supón que te quiero, ¿qué? Quizá no te quisiera el próximo mes. Ya me ha ocurrido otras veces, y no siempre ha durado un mes… ¿Y entonces? Entonces habría hecho el primo. Y si hiciera lo que deseas y me condenaran, bueno, entonces no cabría la menor duda de que había hecho el primo. Si te entrego a la policía, lo sentiré muy de veras, tendré noches horribles…, pero pasará. Escucha. Tornó de los hombros a Brigid, la echó hacia atrás y se inclinó sobre ella.

—Si eso no te quiere decir nada, olvídalo y escucha esto: lo voy a hacer porque deseo hacerlo con todo mi ser, porque todo lo que dentro llevo me está pidiendo que lo haga, pase lo que pase, y porque, ¡maldita seas!, ya contabas tú con que yo sentiría lo que siento, como lo calculaste con todos los demás.

Retiró las manos y las dejó caer muertas a lo largo del cuerpo. Brigid le cogió la cara entre las manos y volvió a atraerla hacia sí.

—Mírame y dime la verdad —le dijo—. ¿Te hubieras comportado así si el halcón hubiese sido auténtico y hubieras recibido tu parte?

—¿Qué importa eso ahora? No estés tan segura de que tengo tan poca honradez como algunos dicen. Esa fama puede ser conveniente, pues te trae a la puerta asuntos caros y te facilita las cosas al luchar contra el enemigo. La muchacha le miró sin decir nada. Spade movió los hombros ligeramente y dijo:

—Un gran montón de dinero…, al menos eso hubiera sido algo que añadir a la balanza a favor de lo otro.Brigid alzó la cara hasta la de Spade. Tenía la boca ligeramente

entreabierta y sus labios estaban ahuecados.

—Si me quisieras, no necesitarías poner nada más en ese platillo de la balanza.

Spade apretó los dientes y dijo, hablando a través de ellos:

—No voy a hacer el primo por ti.

Brigid apretó lentamente los labios contra los de él, le rodeó con los brazos y quedó entre los de él. Y en sus brazos estaba cuando sonó el timbre de la puerta.

Con el brazo izquierdo rodeándola, Spade abrió la puerta del pasillo. Allí estaban el teniente Dundy, el detective sargento Tom Polhaus y otros dos policías de paisano.

 

El SUSPENSO SEGÚN HITCHCOCK


En el clásico diálogo – entrevista con Francois Truffaut, el Gran Alfred Hitchcock expresaba:

Habrá observado usted que un cuento raramente se deja en reposo, lo que lo emparenta al film. Esta exigencia implica la necesidad de un firme desarrollo de la intriga y la creación de situaciones punzantes que se desprenden de la propia intriga y que deben presentarse, ante todo, con habilidad visual. Esto nos conduce al suspense , que es el medio más poderoso de mantener la atención del espectador, ya sea el suspense de situación o el que incita al espectador a preguntarse: “¿Y ahora qué sucederá?” ….

En la forma corriente de suspense, es indispensable que el público esté perfectamente informado de los elementos en presencia. Si no, no hay suspense….

Para mí el misterio es raramente suspense; por ejemplo, en un “whodunit” , no hay suspense sino una especie de interrogación intelectual. El “whodunit”  suscita una curiosidad desprovista de emoción; y las emociones son un ingrediente necesario del suspense….

La diferencia entre el suspense y la sorpresa es muy simple y hablo de ella muy a menudo. Sin embargo, en las películas frecuentemente existe una confusión entre ambas nociones.

Nosotros estamos hablando, acaso hay una bomba debajo de esta mesa y nuestra conversación es muy anodina, no sucede nada especial, y de repente: bum, explosión. El público queda sorprendido, pero antes de estarlo se le ha mostrado una escena completamente anodina, desprovista de interés.

Examinemos ahora el suspense. La bomba está debajo de la mesa y el público lo sabe, probablemente porque ha visto que el anarquista la ponía. El público sabe que la bomba estallará a la una y sabe que es la una menos cuarto ( hay un reloj en el decorado); la misma conversación anodina se vuelve de repente muy interesante porque el público participa en la escena. Tiene ganas de decir a los personajes que están en la pantalla: “no deberías contar cosas tan banales; hay una bomba debajo de la mesa y pronto va a  estallar.”

En el primer caso se han ofrecido al público quince segundos de sorpresa en el momento de la explosión. En el segundo caso, le hemos ofrecido quince minutos de suspense.

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Nicholas Blake


Voy a matar a un hombre. No sé cómo se llama, no sé dónde vive, no tengo idea de su
aspecto. Pero voy a encontrarle, y le mataré…

Así comienza la – quizás – más conocida obra de Nicholas Blake, “La bestia debe morir”

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Compartimos el prologo que dedicó el escritor Juan Carlos Martini a una de las ediciones en español de dicha obra:

Nicholas Blake (pseudónimo del escritor inglés Cecil Day Lewis)  contribuyó al advenimiento de la que a su vez llamó novela criminal, con obras y personajes de notable envergadura, como La bestia debe morir, donde el culto Nigel Strangeways es llamado a defender a un hombre con el cual el lector simpatiza desde las primeras líneas gracias a una sabia propuesta de complicidad.
La bestia debe morir es una novela dividida en cuatro partes. La primera corresponde al diario del escritor de novelas policíacas Félix Lane, pseudónimo del personaje llamado Frank Cairnes. En este diario el escritor anuncia su propósito de asesinar al hombre que arrolló y mató con un coche a su hijo Martie Cairnes. Abandonados, por tanto, los presupuestos de la novela-problema, no se trata aquí de averiguar quién es el asesino. Cairnes/Lane conocerá pronto a quien terminó con la vida de su hijo. Lo que resta por saber entonces es si le matará o no. Y en el primero de los casos, si luego de hacerlo logrará escapar de la justicia o no.
La bestia debe morir es una novela de impecable construcción, que armoniza el suspense con una regocijada escritura. En ella, las claves de astucia y erudición de los protagonistas principales, Cairnes y Strangeways, saltan hacia el lector como continuos guiños: otro juego inteligente que confirma la voluntad estilística y reflexiva de Blake en esta obra que parece ceñirse, palabra por palabra, a su propio convencimiento de la caída en desgracia de la novela problema

La Bestia debe morir fue llevada a la pantalla, y en el cine argentino hay una muy buena versión filmada por Román Viñoly Barreto en 1952, con el gran Narciso Ibañez Menta en el papel principal

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CINÉFILOS


A todos nos gusta el cine, y todos tenemos nuestros buenos motivos para ello. images

Actores, actrices, directores, películas, escenas, música, imágenes, géneros, momentos, vivencias, recuerdos, emociones, sentimientos, ideas, saberes, amores, todo ello se conjuga en nuestras mentes y en nuestras almas cada vez que vemos una película. Sin duda, cada uno de nosotros tendrá su lista de favoritos, y podrá fundamentar por qué ama el cine

El filósofo, escritor y periodista José Pablo Feinmann en su libro sobre cine EL CINE POR ASALTO,  se expresó al respecto

MANIFIESTO

Si Chaplin no se hubiera comido un zapato. Si Buster Keaton no se hubiera trepado a una locomotora. Si Tod Browning no hubiera hecho Drácula, con Lugosi. Si Boris Karloff no hubiera sido el monstruo de Frankenstein. Si William Powell y Mirna Loy no hubieran sido Nick y Nora Charles. Si Asta no hubiera sido Asta. Si Clark Gable no hubiera tomado entre sus brazos a Vivien Leigh y no la hubiera subido por esa gran escalera. Si Katharine Hepburn no hubiera roto el palo de golf de Cary Grant. Si Ingrid Bergman no le hubiera dicho a Humprey Bogart “el mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”. Si Bogart no le hubiera dicho a Claude Rains “este es el comienzo de una hermosa amistad”. Si Lauren Bacall no hubiera pedido un fósforo. Si Erroll Flynn no hubiera muerto con las botas puestas en el Little Big Horne. Si Orson Welles no hubiera dicho Rosebud. Si Glenn Ford no le hubiera dado esa cachetada a Rita Hayworth. Si Richard Widmark no hubiera tirado a la paralítica por la escalera. Si Alida Valli no se hubiera enamorado de Farley Granger. Si Vittorio de Sica no hubiera imaginado una historia con bicicletas. Si Robert Ryan no hubiera ganado una pelea que debía perder. Si Sterling Hayden no se hubiera muerto sobre el césped de la chacra de sus padres, olfateado por los caballos. Si Jean Hagen no hubiera tenido una voz desopilante. Si Gene Kelly no hubiera bailado bajo la lluvia. Y Fred Astaire con un perchero. Si Cyd Charisse no hubiera tenido esas piernas. Si James Stewart no hubiera mirado por la ventana indiscreta. Si John Wayne no hubiera tomado entre sus brazos a Natalie Wood para decirle “Vamos a casa, Debbie”. Si James Withmore no hubiera derrotado a las hormigas gigantes. Si james Dean no hubiera acercado su silla al lecho de su padre enfermo. Si Audrey Hepburn no hubiera ido a aprender cocina a París. Si a Mónica no le hubieran gustado los veranos. Si la doncella no hubiera tenido una fuente. Si Rocco no hubiera tenido hermanos. Si Bogart no le hubiera dado 25000 dólares a Toro Moreno. Si Peter O’ Toole no hubiera cruzado el Nefud. Si los Beatles no hubieran viajado en el submarino amarillo. Si Gene Hackman no hubiera escuchado conversaciones que no debía escuchar. Si Marlon Brando no se hubiera muerto jugando con su nieto en un jardín. Si Robert Duvall no hubiera dicho “Amo el olor del napalm por la mañana”. Si Dustin Hoffman no se hubiera graduado. Si Facón Grande y el alemán Schultz no hubieran sido tan valientes y nobles. Si Federico Luppi no se hubiera cortado la lengua. Si Aristarain no hubiera filmado mi primera novela. Si Michelle Pfeiffer no hubiera sido Gatúbela. Si Thelma y Louise no hubieran salido a la ruta. Si Tarantino no hubiera leído novelas baratas. Si nada de esto hubiera sido así, no amaría el cine como lo amo. Pero, Lo juro, así fue. Y ustedes lo saben tan bien como yo.

Jose Pablo Feinmann, El Cine por asalto,  Bs As, Planeta, 2006