Vuelve Marlowe


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Como publiqué en otra ocasión, siempre es bueno volver a encontrarnos con nuestros heroes, que aparecen cada tanto recreados por la pluma de algún escritor. Tal es el caso de  “La rubia de ojos negros”, donde  Benjamin Black ((pseudónimo de John Banville), nos relata una nueva historia con Philip Marlowe como protagonista.

Y se trata del mejor Marlowe, aquel del Largo Adíos.

La trama transcurre en una época posterior a aquella gran novela, y casi es presentada como su secuela, los fantasmas de Linda Loring y Terry Lennox permanecen en la mente del detective mientras se adentra en un caso en el que también queda atrapado afectivamente.

Cuando era joven, hará un par de milenios, creía saber lo que hacía. Era consciente del caracter caprichoso del mundo, de cómo se divierte con nuestras esperanzas y nuestros deseos; pero en lo relativo a mis propias acciones, estaba convencido de que era yo, erguido en el asiento del conductor, quien manejaba el volante con las dos manos.

Ahora se que no es así. Ahora sé que las decisiones que creemos tomar solo parecen tal en retrospectiva y que, cuando las cosas suceden, en realidad tan solo nos dejamos llevar. No me inquieta demasiado ser consciente del escaso control que tengo sobre mi vida. En general, me satisface dejarme arrastrar por la corriente, con las manos dentro del agua para pescar los bichos raros. Sin embargo, hay ocasiones en que desearía haber hecho el esfuerzo de pensar a largo plazo para calcular las consecuencias de mis actos. Me refiero a mi segunda visita al Club Cahuilla, que resultó ser drásticamente distinta a la anterior. Lo puedo decir con certeza.

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Sam Spade


Sam Spade es el detective protagonista de El Halcón Maltés, creado por Dashiell Hammett y convertido junto con su colega Philip Marlowe en la figura icónica de la novela y el cine policial norteamericano.

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Maltese Falcon

Así lo presenta el autor al comienzo de su obra:

Samuel Spade tenía larga y huesuda la quijada inferior, y la barbilla era una V protuberante bajo la V más flexible de la boca. Las aletas de la nariz retrocedían en curva para formar una V más pequeña. Los ojos,horizontales, eran de un gris amarillento. El tema de la V lo recogía la abultada sobreceja que destacaba en media de un doble pliegue por encima de la nariz ganchuda, y el pelo, castaño claro, arrancaba de sienes altas y aplastadas para terminar en un pico sobre la frente. Spade tenía el simpático aspecto de un Satanás rubio.

 

Y así lo vemos al final de la novela,

 

Spade retiró la mano. La mueca desapareció como la sonrisa. Su rostro amarillento y mojado estaba helado y profundamente surcado por las arrugas. Le ardían los ojos enloquecidos.

—Escucha. Todo es completamente inútil. Nunca me entenderás, pero voy a tratar, una vez más, de que lo comprendas. Escucha. Cuando a un hombre le matan a su socio, se supone que debe actuar de alguna forma. Da lo mismo la opinión que pudiera tener de él. Era su socio, y debe hacer algo.

Añade a eso que mi profesión es la de detective. Bueno, cuando matan a un miembro de una sociedad de detectives, es mal negocio dejar que el asesino escape. Es mal negocio desde todos los puntos de vista, y no sólo para esa sociedad en particular, sino también para todos los policías y detectives del mundo. Tercero, soy detective, y suponer que voy a correr detrás de quienes quebrantan la ley y que los voy a soltar una vez agarrados, bueno, eso es como esperar que un perro que ha alcanzado un conejo lo suelte. Es algo posible de hacer, lo sé, y que se hace algunas veces, pero no es natural. La única manera de haberte dejado escapar hubiera sido dejar escapar también a Gutman, a Cairo y al chico. Y eso…

—No hablas en serio. No puedes creer que con todo lo que estás diciendo me vas a convencer de que tienen razones suficientes para mandarme a la…

—Déjame acabar, y entonces podrás hablar tú. Cuarto: prescindiendo de lo que quisiera hacer, ahora me sería completamente imposible dejarte escapar, a menos que aceptara acompañar a los otros al patíbulo. Y además, no puedo describir razón alguna para fiarme de ti; y si te dejara escapar y saliera yo con vida, siempre estarías en posesión de un arma contra mí para usarla a tu antojo. Y son cinco razones las que te he dado. La sexta es que, puesto que yo también sé de ti unas cuantas cosas, nunca estaría seguro de que no te ibas a decidir a meterme a mí una bala en el cuerpo. Séptimo, no me atrae lo más mínimo la idea de que ni remotamente pudiera ocurrir que hubieras jugado conmigo como un imbécil. Y octavo… Pero ya es bastante.

Todo ello aconseja lo mismo. Quizá algunas de las razones sean de poca importancia. No lo voy a discutir. Pero ¡fíjate cuántas son! ¿Y qué razón aconseja hacer lo contrario? Tan sólo una: que quizá me quieres, y que tal vez yo te quiera a ti.

—¿Y no sabes si me quieres o no? —dijo ella, en voz baja,

—No, no lo sé. Resulta sencillo enamorarse de ti hasta la locura —dijo Spade, mirándola con apasionada vehemencia de los pies a la cabeza—, pero no sé lo que eso puede significar. ¿Acaso lo sabe alguien cuando se enamora? Pero supón que sí, supón que te quiero, ¿qué? Quizá no te quisiera el próximo mes. Ya me ha ocurrido otras veces, y no siempre ha durado un mes… ¿Y entonces? Entonces habría hecho el primo. Y si hiciera lo que deseas y me condenaran, bueno, entonces no cabría la menor duda de que había hecho el primo. Si te entrego a la policía, lo sentiré muy de veras, tendré noches horribles…, pero pasará. Escucha. Tornó de los hombros a Brigid, la echó hacia atrás y se inclinó sobre ella.

—Si eso no te quiere decir nada, olvídalo y escucha esto: lo voy a hacer porque deseo hacerlo con todo mi ser, porque todo lo que dentro llevo me está pidiendo que lo haga, pase lo que pase, y porque, ¡maldita seas!, ya contabas tú con que yo sentiría lo que siento, como lo calculaste con todos los demás.

Retiró las manos y las dejó caer muertas a lo largo del cuerpo. Brigid le cogió la cara entre las manos y volvió a atraerla hacia sí.

—Mírame y dime la verdad —le dijo—. ¿Te hubieras comportado así si el halcón hubiese sido auténtico y hubieras recibido tu parte?

—¿Qué importa eso ahora? No estés tan segura de que tengo tan poca honradez como algunos dicen. Esa fama puede ser conveniente, pues te trae a la puerta asuntos caros y te facilita las cosas al luchar contra el enemigo. La muchacha le miró sin decir nada. Spade movió los hombros ligeramente y dijo:

—Un gran montón de dinero…, al menos eso hubiera sido algo que añadir a la balanza a favor de lo otro.Brigid alzó la cara hasta la de Spade. Tenía la boca ligeramente

entreabierta y sus labios estaban ahuecados.

—Si me quisieras, no necesitarías poner nada más en ese platillo de la balanza.

Spade apretó los dientes y dijo, hablando a través de ellos:

—No voy a hacer el primo por ti.

Brigid apretó lentamente los labios contra los de él, le rodeó con los brazos y quedó entre los de él. Y en sus brazos estaba cuando sonó el timbre de la puerta.

Con el brazo izquierdo rodeándola, Spade abrió la puerta del pasillo. Allí estaban el teniente Dundy, el detective sargento Tom Polhaus y otros dos policías de paisano.

 

Triste, Solitario y Final


Es muy frecuente que los escritores les rindan homenaje a sus héroes. Así lo hizo el gran escritor y periodista argentino Osvaldo Soriano, en su primer novela, Triste Solitario y Final, que tiene como principales protagonistas, además del propio autor, a Philip Marlowe y a Stan Laurel.

triste...

El título está tomado de la siguiente frase de El Largo Adiós, de Raymond Chandler,  y refleja su mismo tono melancólico y desesperanzado.

Hasta la vista, amigo. No le digo adiós. Se lo dije cuando tenía algún significado. Se lo dije cuando era triste, solitario y final.

                                             Philip Marlowe en El largo adiós

Así relata Soriano la génesis de su obra en un reportaje publicado en 1983

Escribí Triste, solitario y final después de muchas dudas y vacilaciones. Quizá nunca lo hubiera terminado si Jorge Di Paola, que lo iba leyendo a medida que yo lo escribía y sabe más que yo sobre ese libro, no me hubiera alentado y convencido de que valía la pena. Después, Marcelo Pichon Rivière lo hizo publicar en Corregidor. En ese tiempo yo tenía la obsesión de Laurel y Hardy, esos cómicos que me habían divertido tanto durante mi infancia y que habían terminado en la miseria, olvidados por la industria del cine. Por otra parte, había leído a Chandler y estaba enamorado, como todo el mundo, del personaje duro y romántico de Philip Marlowe. Quería escribir algo sobre Laurel y Hardy, pero no sabía por dónde agarrarlos, cómo entrar en la historia. No se me ocurría que tuvieran algo que ver con Marlowe. Yo tuve gatos toda mi vida, son mis hermanos, me siguen por la calle, nos comunicamos muy fácilmente, quizá porque como ellos yo vivo de noche y como ellos soy muy vago… En ese tiempo vivía en un dos ambientes en la calle Mario Bravo,  solo, no tenía gato por primera vez en mi vida, y estaba muy deprimido porque no le encontraba la vuelta al tema de laurel y Hardy. Una noche estaba tirado en la cama a las tres de la mañana, en pleno verano, sintiéndome un pobre infeliz, cuando oigo en la cocina un ruido de cacerolas que se caían al suelo. Me levanto, voy a ver, despacito, y me encuentro con un enorme gato negro que había entrado por la ventana abierta y estaba parado entre las ollas. Yo sólo tenía prendida la luz del velador así que estábamos en la penumbra de la cocina y el gato me miraba fijo. Le hablé, me acerqué un poco y él saltó a la ventana, desde donde se quedó mirándome un rato, como diciendo: ‘¿Qué hacés, boludo, no te das cuenta de que la cosa es evidente?’ Una vez que me avivé de que era el gato negro (o la gata negra, más bien) de Chandler, que venía a decirme que el único capaz de investigar la historia de Laurel y Hardy era un detective profesional como Philip Marlowe, dio un salto y se fue. Ahí nomás saqué la máquina y empecé a escribir el encuentro de Soriano y Marlowe en el cementerio de Forest Lawn. Y no paré hasta que terminé la novela”

Para finalizar transcribimos un párrafo de Triste, Solitario y Final, cuya lectura recomendamos fervorosamente:

El viejo Stan Laurel bajó del taxi. Miró el arrugado papel que guardaba en un bolsillo y comprobó el número del edificio. El tránsito era intenso como todas las mañanas en el Hollywood Boulevard. Se detuvo un instante en la vereda. El edificio que tenía frente a él no era nuevo, ni siquiera estaba muy cuidado: el gris de la fachada mostraba la suciedad de los años. Antes de tomar el ascensor se quitó el sombrero. Nadie prestó atención a su cara muy blanca y arrugada. Al llegar al sexto piso se había quedado solo. Salió a un pasillo mohoso, iluminado por un par de lámparas fluorescentes. Caminó unos pasos y se detuvo frente a una puerta de madera deteriorada que tenía un vidrio esmerilado. En él se leía: “Philip Marlowe, detective privado”, y más abajo: “Entre sin llamar.”

Entró sin hacer ruido. Se había vuelto cauteloso y no supo por qué. Ante él había una pequeña sala de espera con dos sillones y una mesa muy baja sobre la que estaban tiradas algunas revistas viejas. Se sentó. Dejó el sombrero sobre la mesa y tomó una de las revistas, pero sus ojos miraban la habitación. Las paredes estaban absolutamente despojadas y no habían sido limpiadas en los últimos años, aunque alguien se encargara de pasar, de vez en cuando, un plumero que nunca había alcanzado el techo. Stan fijó sus ojos en la puerta entreabierta que tenía frente a él. Inclinó el cuerpo, pero no alcanzó a ver el interior de la oficina. Alguien abrió la puerta por completo.

—Pase, señor Laurel.

Marlowe era un hombre de unos cincuenta años, un metro ochenta de alto, cabello castaño oscuro, aunque las canas lo habían blanqueado demasiado. Sus ojos, también castaños, tenían una mirada dura pero melancólica. Vestía un traje gris claro al que hacía falta planchar.

Stan, pequeño y desgarbado, entró en la oficina. La habitación estaba iluminada por el sol que entraba a través del ventanal. Marlowe se acomodó en su sillón, tras el escritorio viejo y oscurecido por el polvo y el hollín”

STUART KAMINSKY


Para quienes nos gusta la literatura policial y el cine clásico, es ineludible la obra de Stuart Kaminsky ( 1934 -2009), un prolífico escritor, guionista, y estudioso del género, que supo combinar con maestría ambos tópicos.

En su serie del detective Toby Peters, las historias están ambientadas en el Hollywood de los 40, y, entre los protagonistas podemos mencionar a Erroll Flynn, Judy Garland, Bela Lugosi, los Marx, entre otros. Lamentablemente, muy pocos de sus libros están accesibles en español.  He aquí la lista de los títulos de esta serie:

kaminsky 1Bullet for a Star (1977)

Murder on the Yellow Brick Road (1977)

You Bet Your Life (1978)

The Howard Hughes Affair (1979)

Never Cross a Vampire (1980)

High Midnight (1981)

Catch a Falling Clown (1981)

He Done Her Wrong (1983)

The Fala Factor (1984)

Down for the Count (1985)kaminsky 3

The Man Who Shot Lewis Vance (1986)

Smart Moves (1986)

Think Fast, Mr. Peters (1987)

Buried Caesars (1989)

Poor Butterfly (1990)

The Melting Clock (1991)

The Devil Met a Lady (1993)

Tomorrow Is Another Day (1995)

Dancing in the Dark (1996)

A Fatal Glass of Beer (1997)kaminsky 2

A Few Minutes Past Midnight (2001)

To Catch a Spy (2002)

Mildred Pierced (2003)

Now You See It (2004)

Sobre la novela de misterio


En sus “Comentarios informales sobre la novela de misterio”, publicados en 1949, Raymond Chandler expresó, entre otras cosas:
“La paradoja de la novela de misterio es que, aunque su estructura casi nunca se sostiene bajo el atento escrutinio de una mente analítica, atrae precisamente a ese tipo de mentes, más que a otras. Por supuesto, siempre está el lector sediento de sangre, y el que se interesa por los personajes, y el que busca experiencias sexuales de segunda mano. Pero todos estos lectores juntos apenas representarían una pequeña minoría en comparación con el tipo de gente avispada a la que le gustan las historias de misterio, precisamente por sus imperfecciones. Hay que decir que se trata de un género que jamás se ha pulido del todo, y los que profetizaron su decadencia y caída se equivocaron precisamente por esa razón. Puesto que el género jamás se perfeccionó, tampoco quedó fijado. Los académicos nunca le pusieron encima sus manos muertas. Sigue siendo fluido, demasiado variado para clasificarlo fácilmente, ramificándose en todas direcciones. Nadie sabe con exactitud qué hace que funcione, y no posee ninguna cualidad concreta que no falte en ninguno de los mejores ejemplos. Ha producido más arte malo que ningún otro tipo de ficción, con la posible excepción de las novelas de amor, y, probablemente, más arte bueno que ningún otro género que goce de similar aceptación.
Muéstrenme un hombre o una mujer que no soporte las novelas de misterio y yo les mostraré un tonto, un tonto mañoso, quizá, pero un tonto al fin y al cabo.”

chandler

Un sitio para todos los que aman la literatura policial, el film noir y el cine clásico en general… Bienvenidos!!!!


Maltese Falcon
Maltese Falcon

Un sitio en construcción permanente……

Por qué el Pájaro Negro? Para los entendidos en el tema, la referencia es clara, pero permítanme dirigirme a los que no lo son….
El Pájaro negro nos remite al autor de “El Halcón Maltés”, Dashiell Hammett, sin duda alguna, el creador la novela policial norteamericana, llevada al cine por John Huston, con Humphrey Bogart como protagonista, en 1941, también marco el inicio de una nueva y gloriosa etapa en la historia del cine norteamericano, la del film noir. Por último, por qué no recordar también a ese pájaro negro que en el poema de Edgar Allan Poe, repetía Never More….