Los usurpadores de cuerpos


Un hombre alterado y aterrorizado narra su historia ante los incrédulos ojos de médicos y policías….

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Un niño corre aterrorizado por una carretera. Luego nos enteramos que él afirmaba que su madre no era su madre……

Una joven se muestra preocupada al afirmar que su querido tío no parece ser él…..

Mientras la vida en un apacible pueblo de EE.UU. transcurre con aparente normalidad, el doctor Bennell comienza a preocuparse……

Así, nos vamos adentrando en el terror conjuntamente con él.

Quienes deseen disfrutar una excelente película de terror, no pueden dejar de ver este clásico: “Invasion of the Body Snatchers”

Unas plantas alienígenas, replican, mientras duermen, a los habitantes, y toman su lugar, manteniendo su aspecto, sus recuerdos y  personalidad, pero despojándolos de toda emoción y sentimiento.

“Déjate llevar y despertarás en un mundo sin problemas. No hay necesidad para el amor, la ambición, el deseo. Sin ellos la vida es más simple”… afirmaban en una escena los “nuevos” seres.

Poco a poco, todo el pueblo se va transformando, y unos pocos, tratan de salvarse y buscar ayuda….

Filmada por Don Siegel, en 1956, esta excelente película de bajo presupuesto, refleja la atmósfera de paranoia que se vivía en pleno auge del macartismo…. Y si bien hay elementos terroríficos como las horribles plantas mutantes, el verdadero terror es compartir la angustia y el miedo creciente de los protagonistas; y ,la escena en primer plano del  rostro de quien, al besar a su amada, descubre que ella ya no  es humana , es de antología.

Una muy buena remake la filmó Philip Kaufman en 1978 con Donald Sutherland como protagonista. Aquí, la historia transcurre en San Francisco, pero con la misma atmósfera opresiva y aterradora, y un final más desolador.

En los 90, Abel Ferrara filmó una nueva versión, y, en 2007 hubo otra nueva remake a cargo de Oliver Hirschbiegel.

http://www.imdb.com/title/tt0049366

http://www.imdb.com/title/tt0077745

http://www.imdb.com/title/tt0106452

http://www.imdb.com/title/tt0427392

A disfrutar, entonces de esta joya, en sus distintas versiones, y rogar que, al despertarnos al día siguiente, seamos los mismos.

Drácula, de Bram Stoker


“Bienvenido a mi casa. Venga libremente, váyase a salvo, y deje algo de la alegría que trae consigo”

Con estas palabras, es recibido Jonathan Harker por su anfitrión…dracula

No cabe duda que el Conde Drácula es uno de los personajes más conocidos e icónicos del cine de terror, y, las películas de vampiros constituyen, de por sí, todo un subgénero que nutre nuestras pantallas desde hace más de 90 años.

Si bien, hay muchas obras que abordan la temática, es con Drácula, de Bram Stoker, de cuya publicación se cumplen estos días 120 años, que, junto con el personaje homónimo, la literatura de vampiros adquiere su verdadera dimensión.

Narrada en primera persona por los distintos protagonistas, Drácula es una novela de fácil lectura, y atrapante. Y, si bien, hoy por hoy, no hay nadie que comience a leerla sin conocer la trama, esto no impide disfrutarla página por página.

El relato en primera persona, intercalando extractos de diarios personales, cartas y artículos periodísticos, nos permite compartir con los protagonistas, sus vivencias, opiniones, sentimientos, angustias y, sobre todo, sus miedos.

Compartamos lo que escribe Mina Harker en su diario:

“No puedo dejar de recordar cómo me quedé dormida. Recuerdo haber oído el ladrido repentino de los perros y un estruendo de sonidos extraños, como oraciones en una gama tumultuosa, procedentes de la habitación del señor Renfield, que se encuentra en alguna parte debajo de la mía. Luego, el silencio volvió a reinar, tan profundo, que me sobresaltó y me levanté para mirar por la ventana. Todo estaba oscuro y en silencio. Las negras sombras proyectadas por la luz de la luna parecían estar llenas de un misterio que les era propio. Nada parecía moverse, pero todo parecía lúgubre y tétrico, de modo que una ligera nubecilla de niebla blanca, que avanzaba con una lentitud que hacía que su movimiento resultara casi imperceptible, hacia la casa, por encima del césped, parecía tener una vitalidad propia. Creo que esos pensamientos, al hacerme olvidar los anteriores, me hicieron bien, puesto que al volver a acostarme sentí un letargo que me embargaba suavemente. Permanecí acostada un rato, pero no lograba conciliar el sueño, de modo que volví a levantarme y a mirar por la ventana. La niebla se estaba extendiendo y se encontraba ya muy cerca de la casa, de tal modo que la vi adosarse pesadamente a las paredes, como si estuviera trepando hacia las ventanas…..

Me sentí tan asustada, que me cubrí la cabeza con las sábanas, tapándome los oídos con los dedos. No tenía sueño en absoluto o, por lo menos, así lo creía, pero debo haberme quedado dormida, puesto que, con excepción de los sueños, no recuerdo ninguna otra cosa hasta la llegada de la mañana, cuando Jonathan me despertó. Creo que necesité cierto esfuerzo y tiempo para recordar donde me encontraba y que era Jonathan el que estaba inclinado sobre mí. Mi sueño era muy peculiar, y era algo típico, del modo como al despertar los pensamientos se entremezclan con los sueños. Creí que estaba dormida, esperando a que regresara Jonathan. Me sentía muy ansiosa por él y no podía hacer nada; tenía las piernas, los brazos y el cuerpo con un peso encima, de tal modo que no podía ejecutar ningún movimiento como de costumbre.

Así dormí muy intranquilamente, y seguí soñando cosas extrañas. Luego, comencé a sentir que el aire era pesado, húmedo y frío. Retiré las sábanas de mi rostro y, con gran sorpresa, vi que todo estaba oscuro. La lamparita de gas que había dejado encendida para Jonathan, aunque muy débil, parecía una chispita roja y diminuta a través de la niebla, que, evidentemente, se había hecho más densa y había entrado en la habitación. Entonces, recordé que había cerrado la ventana antes de acostarme. Deseaba levantarme para asegurarme de ello, pero una letargia de plomo parecía retener mis miembros y mi voluntad. Permanecí inmóvil; eso fue todo. Cerré los ojos, pero todavía podía ver con claridad a través de los párpados (es maravilloso ver qué trucos tienen los sueños, y de qué manera tan lógica trabaja a veces nuestra imaginación). La niebla se hacía cada vez más espesa, y ya podía ver cómo entraba en la habitación, puesto que la veía como si fuera humo…, o como el vapor blanco del agua en ebullición…, entrando, no por la ventana, sino por debajo de la puerta. Fue haciéndose cada vez más espesa, hasta que pareció concentrarse en una columna de vapor sobre la que alcanzaba a ver la lucecita de la lámpara de gas que brillaba como un ojo rojizo. Las ideas se agolparon en mi cerebro, al tiempo que la columna de vapor comenzaba a danzar en la habitación y entre todos mis pensamientos me llegaron las frases de las escrituras: “Una columna de vapor por las noches y de fuego durante el día.” ¿Se trataba de algún guía espiritual que me llegaba a través del sueño? Pero la columna estaba compuesta tanto del guía diurno como del nocturno, puesto que el fuego estaba en el ojo rojo que, al pensar en él, me fascinó en cierto modo, puesto que, mientras lo observaba, el fuego pareció dividirse y lo vi como si se tratara de dos ojos rojos, a través de la niebla, tal y como Lucy me dijo que los había visto en sus divagaciones mentales, sobre el risco, cuando el sol poniente se reflejó en las ventanas de la iglesia de Santa María. Repentinamente, recordé horrorizada que era así como Jonathan había visto materializarse a aquellas horribles mujeres de la niebla que giraba bajo el resplandor de la luna, y en mi sueño debo haberme desmayado, puesto que me encontré en medio de la más profunda oscuridad.

El último esfuerzo consciente que hizo mi imaginación fue el de hacerme ver un rostro lívido que se inclinaba sobre mí, saliendo de entre la niebla. Debo tener cuidado con esos sueños, ya que pueden hacer vacilar la razón de una persona, si se presentan con demasiada frecuencia….

Hoy desperté más fatigada que si no hubiera dormido en absoluto……”

 

 

Finalizamos con una reflexión: Desde Nosferatu, de Murnau _ por razones legales no se pudo usar el nombre Drácula –  en 1922, hasta la fecha, el cine se ha encargado de demostrar que, pese a los intentos de Van Helsing y sus amigos, el Conde sigue siendo inmortal.

 

 

 

 

 

La máscara de Dimitrios, de Eric Ambler


“Aquí hay un asesino de verdad. Estamos enterados de su existencia desde hace unos 20 años. Este es el dossier de ese individuo. Sabemos de un asesinato que tal vez haya cometido él. Sin duda tiene que haber otros muchos que desconocemos. Este hombre es un caso típico. Un tipo sucio, vulgar, cobarde, una escoria. Asesinato, espionaje, drogas. Esa es la historia……”

 

Eric Ambler (1909 -1998) fue un escritor británico, considerado por muchos, el creador del thriller político y de espionaje, y La máscara de Dimitrios, -publicada en 1939-, es, quizás, su novela más famosa.

 

 “Muchos años, Europa, después de la agonía, imaginó por un instante que sus dolores constituirían una nueva gloria; después, había vuelto a caer en el lodo, en medio de los pavores de la guerra. Nuevos gobiernos habían surgido y habían caído; hombres y mujeres habían trabajado, habían padecido hambre, habían dicho discursos, habían luchado, habían sido torturados, habían muerto. La esperanza había surgido y se había apagado: una fugitiva en el aura perfumada de la ilusión. Los hombres habían aprendido a husmear la materia de los sueños impetuosos del alma y esperaban sin inmutarse que las plataformas giratorias pusieran a los cañones en el sitio exacto para la destrucción.

Y a lo largo de todos aquellos años, Dimitrios había vivido y respirado y mantenido trato con sus extraños dioses. Había sido un hombre peligroso. Ahora, en medio de la soledad de su muerte, junto a aquella escuálida pila de ropas que constituían todo su patrimonio, resultaba digno de piedad.”

 

La Mascara de Dimitrios fue rápidamente llevada al cine. Dirigida por Jean Negulesco en 1944, tuvo como intérpretes a Zachary Scott, y a los excelentes Peter Lorre y Sidney Greenstreet, estos últimos en papeles protagónicos.

LA MUERTE LENTA DE LUCIANA B., de Guillermo Martínez


 

 

“El teléfono sonó una mañana de domingo y tuve que arrancarme de un sueño de lápida para atenderlo. La voz sólo dijo Luciana, en un susurro débil y ansioso, como si esto hubiera debido bastarme para recordarla. Repetí el nombre, desconcertado, y ella agregó su apellido, que me trajo una evocación lejana, todavía indefinida, y luego, en un tono algo angustiado, me recordó quién era. Luciana B. La chica del dictado. Claro que me acordaba. ¿Habían pasado verdaderamente diez años? Sí: casi diez años, me confirmó, se alegraba de que yo viviera todavía en el mismo lugar. Pero no parecía en ningún sentido alegre. Hizo una pausa. ¿Podía verme? Necesitaba verme, se corrigió, con un acento de desesperación que alejó cualquier otro pensamiento que pudiera formarme. Sí, por supuesto, dije algo alarmado, ¿cuándo? Cuando puedas, cuanto antes….

Así comienza: La Muerte lenta de Luciana B.

Guillermo Martínez, nos presenta aquí un inquietante thriller psicológico.

La novela contiene los elementos comunes al género policial: una sucesión de tragedias, una investigación, un sospechoso, una víctima, un detective en la búsqueda de la verdad…, narración en primera persona…

Pero, el relato va mucho más allá, y, por momentos excede los límites tradicionales del género, con algunas puertas abiertas hacia lo azaroso o lo sobrenatural, o lo fantástico, si es que el lector quiere creerlo así, y este es otro de los elementos que cabe destacar de esta novela. El lector puede, también, clasificar el relato – o parte de él –  dentro de un género u otro.

Hay un clima opresivo y una excelente confrontación de caracteres, tanto intelectual como psicológica, en un juego de obsesión y venganza, donde cada uno de los protagonistas aporta su subjetividad en la reconstrucción de los hechos, – y por lo tanto, en la trama -, y donde la verdad pasa por las explicaciones que se dan al lector, – y vale recalcar el plural – que por las evidencias concretas encontradas.

 También hay una corriente subterránea relacionada con el mundo de la literatura (los protagonistas principales son escritores), donde la realidad y la ficción, muchas veces se mimetizan.

En definitiva, tenemos una atrapante novela, cuya lectura recomendamos.

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Autor y matemático argentino, Guillermo Martínez (1962) estudió Matemáticas en la Universidad del Sur, completando su formación académica primero en Buenos Aires, donde se doctoró en Lógica, y más tarde en Oxford.

Sin embargo, su gran pasión ha sido siempre la creación literaria. Tras sus estudios, pasó varios años como artista residente en universidades de Canadá y Estados Unidos.

Su primer libro publicado fue una antología de relatos, a la que siguieron dos novelas que pasaron desapercibidas para el gran público (Acerca de Roderer y La mujer del maestro). En 2003 publicó la que es su obra más conocida, Los crímenes de Oxford, obra con la que consiguió premios y celebridad mundial y que en 2008 fue llevada al cine de manos de Álex de la Iglesia.

Además de éstas y La muerte lenta de Luciana B., escribió Gödel para Todos, Yo también tuve una novia bisexual, y Una felicidad repulsiva.

La herida íntima, de Nicholas Blake


 

“Ya es tiempo de que cuente esta historia. No sé si alguna vez podré publicarla, no por miedo de herir a los interesados – los que más podrían sufrir ya han muerto -, sino porque es una especie de confesión, y no me gusta este tipo de literatura.

Cuando recuerdo aquel maravilloso verano de 1939 en el oeste de Irlanda, hace casi treinta años, siempre es la misma imagen las que, casi contra mi voluntad, ocupa el primer plano en mi mente: me veo tendido en una cama, empapado en nuestro sudor; ella de pie junto a la ventana abierta para refrescarse a la luz de la luna. Otra vez veo su cuerpo escultural, de curvas convencionales, casi anticuadas, hombros algo caídos, piernas más bien cortas, el inquietante contorno de la columna vertebral semioculto por el pelo cobrizo, que ahora parece negro. Debajo de la ventana, la fucsia debe parecer una serie de gotas de sangre oscura. Más allá, el río sueña y habla en voz alta. Ella está desnuda.

Como no he podido desechar su recuerdo, como en cierto modo me pidió tan poco mientras vivió, como merece un modesto altar a su memoria (y sin mí, ¿quién la recordaría?), sí: por simple gratitud debo relatar lo ocurrido, que para mí comenzó como un idilio, siguió como una farsa y terminó en tragedia.

No parece un argumento de Eyre, dirán mis fieles lectores. Demasiado romántico para este tipo de novelista: y quizás tengan razón.

Pero es mi historia, y ojalá nunca hubiese sucedido: lo digo de todo corazón”

 

Con estas palabras comienza LA HERIDA ÍNTIMA, una muy buena novela de Nicholas Blake.

Ambientada en un pueblito de Irlanda, donde todos se conocen, y donde afloran los recuerdos – y las heridas – de la guerra pasada, mezclados con las especulaciones sobre una guerra inminente, está narrada en primera persona, y desde el principio, con un dramatismo creciente, el autor nos introduce en un triángulo amoroso que se transforma en escándalo, y luego deriva en un sangriento crimen.

“Es un misterio clásico, y la identidad del asesino se mantiene cuidadosamente oculta; pero es algo más: un estudio de tres personajes muy particulares, precisamente observados, que se transforma en un drama de alta tensión, con las colinas y las aguas del litoral occidental de Irlanda, conmovedoramente evocadas, como telón de fondo.”

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Testigo de Cargo


Testigo de Cargo es una excelente película filmada en 1958 por el gran director austríaco Billy Wilder. Está basada en una popular obra de teatro de Agatha Christie.

Cuenta con un gran reparto, donde destacan primerísimas figuras del cine, como Charles Laughton, Marlene Dietrich, Tyrone Power y Elsa Lanchester.

Su trama es simple, Leonard Vole, un hombre agradable y simpático, es acusado del asesinato de una acaudalada señora que lo había dejado como beneficiario en su testamento.

Las pruebas circunstanciales en su contra parecen abrumadoras, pero un prestigioso abogado se dispone a defenderlo.

Sobre la génesis de su obra, en su Autobiografía, Agatha Christie afirma:

“era una de mis piezas preferidas; me gustaba más que casi ninguna otra. Pero no quería escribirla; me aterrorizaba hacerlo. Peter Saunders, que tenía grandes dotes de persuasión, me forzó, me intimidó amablemente uy me aduló con sutileza:

  • Por supuesto que puedes hacerlo
  • Pero no sé una palabra sobre procedimientos legales. Me haría un lío
  • Eso no es un problema. Tu estúdialo y luego tendremos a mano un abogado para corregir anomalías y supervisar que todo vaya bien.
  • No puedo escribir la escena de un juicio.
  • Claro que puedes, has visto representadas muchas escenas de ese tipo. Puedes estudiar vistas de causas.
  • No sé… No creo que pueda.

Peter Saunders continuó diciendo que, por supuesto, podría, y que empezara pronto porque quería la obra rápidamente. Hipnotizada y, como siempre, sometida a l poder de su sugestión, me leí cantidad de ejemplares de la serie Juicios Famosos, consulté con pasantes y abogados, y, al final me interesé sobre el tema. Me di cuenta de que estaba disfrutando, de repente, en uno de esos maravillosos momentos de tremenda inspiración que por lo general duran poco, pero que te llevan a la orilla como una larga ola. <Esto es fantástico; lo estoy haciendo; esto funciona; ahora, como va a seguir la cosa> Es el preciso momento de verlo todo claro, no en el escenario, sino en la mente. Ya está todo. La trama real, el juicio real – todavía sin el Old Bailey porque no había estado en él –  todo el esquema de la escena ante el tribunal, grabado en mi mente. Veía al joven desesperado y nervioso sentado en el banquillo y a la misteriosa mujer que llega como testigo a declarar, no en favor de su amante sino apoyando al fiscal. Es una de las obras que he escrito con más rapidez”

 

Pese a que hay una investigación de asesinato de por medio, la película está narrada con mucho humor, por ejemplo, los cruces verbales y comentarios del juez, y los abogados durante el juicio.

Como si fuera una película dentro de otra, la interacción y los irónicos diálogos entre el abogado y su enfermera, interpretados magníficamente por Charles Laughton y Elsa Lanchester, (matrimonio en la vida real) son de antología, y, por si mismos, hacen que valga la pena ver esta película una y otra vez.

Billy Wilder, que filmó esta película por pedido de Marlene Dietrich, atribuyó el éxito de la misma a la labor de Charles Laughton en el rol principal.

Por último, cabe destacar la maestría con la que el director introduce elementos para reafirmar el suspenso o la acción dramática, al mejor estilo Hitchcock, como cuando, hace que el monóculo del abogado haga brillar la luz sobre el cuchillo.

En definitiva, Testigo de Cargo es una magnífica obra que merece ser vista una y otra vez, y que, sin duda, disfrutarán todos los amantes del suspenso, y todos los amantes del buen cine.testigo-de-cargo

Double Indemnity


“Yes, I killed him. I killed him for money – and a woman – and I didn’t get the money and I didn’t get the woman. Pretty, isn’t it?”

Estas palabras pronunciadas por el protagonista casi al inicio de la película dan comienzo a un extenso flash back, que dura casi todo el film, donde se cuenta la historia de un crimen, y de unos criminales, historia cuyo final ya se nos anticipa….

Con guión de Raymond Chandler, y basado en una novela de James M. Cain, Billy Willder, en uno de sus primeras incursiones como director, nos presenta este gran film de 1944, que contiene muchos elementos de lo que, por aquella época, los franceses comenzaron a llamar el “Film Noir”.

Ambientado con la inquietante banda sonora de Miklos Rosza y la fotografía en blanco y negro de John Seitz, vemos a un agente de seguros – interpretado por Fred MacMurray llevado al crimen por una hermosa y despiadada mujer -inigualable Barbara Stanwyck como arquetipo de “mujer fatal” y un excelente Edward G. Robinson, como visagra de esta historia de ambición, amor, odio, crimen y amistad.

En su biografía de Billy Wilder, “Nadie es Perfecto”, el periodista Hellmuth Karasek, afirma:

“ La película de Wilder en este género [el negro]  es un acto pionero y una obra maestra. Y su película introduce algo radicalmente nuevo: los delincuentes de su película no son criminales profesionales, no pertenecen a la mafia ni a una banda, son personas normales, de clase media, arrastradas por la ambición y la pasión sexual.

Igualmente radical es el hecho de que sea el mejor amigo quien descubra el delito, más bien con tristeza y contra su voluntad, y en modo alguno como un triunfo de la justicia. Así que el espectador se pone de parte de los asesinos y teme a la justicia, solidarizándose con los protagonistas..”

El prestigioso periodista y crítico de cine uruguayo, Homero Alsina Thevenet al momento de su estreno, afirmó, en la revista Marcha * del 2/3/45 lo siguiente:

“La TESIS MORAL es la de que el crimen “no paga”; la tesis intelectual es la de que el crimen puede ser un buen negocio si ese crimen es perfecto. La naturaleza humana (la ausencia de perfección en la inteligencia humana, la ausencia de un total dominio de la inteligencia sobre toda otra función humana) se inclina a ratificar la primera tesis. Como queda magistralmente expuesto en Crimen y Castigo, importa algo más que la perfección intrínseca del crimen, importa la perfección en la conducta del criminal porque de la serenidad mantenida, de la fingida indiferencia con que debe enunciar sus compuestas coartadas, depende el evitar que caiga sobre él una primera sospecha que le será luego fatal. Esas coartadas no son perfectas si, como en el caso, son dos los criminales y no existe un absoluto y riguroso entendimiento entre ellos.

Esta película no es policial en el sentido que el término pueda explicar de búsqueda de un anónimo culpable. Desde un principio sabemos su identidad, sabemos el origen y la realización de un crimen. La película es psicológica, inteligente, (es decir, original); se dirige con más rectitud a estudiar la evolución de sus personajes (afectados por la confianza en su inteligencia al tiempo que por el temor de sus errores) que a desentrañar ocultos factores de su trama. Tal contextura de film exige un rigor lógico, una observancia del detalle, un diálogo ceñido, una colaboración perfecta de cámara y de música y de intérpretes. Por poseer tales virtudes, por lograr, sobre todo, una unidad completa de ellas, por ratificar en su director Billy Wilder a una de las personalidades más netamente inteligentes de las que Hollywood nos ha mostrado como tales (Orson Welles, John Huston), la aplaudimos y recomendamos…”

*En Homero Alsina Thevenet, Obras Incompletas tomo 1

 

Ficha Técnica:

 

Título original: Double Indemnity (También  se estrenó en varios países con el nombre de Perdición, y,  Pacto de Sangre)

Año: 1944

Duración 106 min.

País: Estados Unidos

Director: Billy Wilder

Guión :Raymond Chandler, Billy Wilder (Novela: James M. Cain)

Música: Miklós Rózsa

Fotografía: John F. Seitz (B&W)

Reparto: Fred MacMurray, Barbara Stanwyck, Edward G. Robinson, Tom Powers, Porter Hall, Jean Heather, Byron Barr, Richard Gaines, Fortunio Bonanova, John Philliber, Bess Flowers, Miriam Franklin

Productora:  Paramount Pictures

 

 

Pecado Original


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En Pecado Original, ambientada en una editorial londinense, P.D. James nos muestra algunos elementos que son constantes en su obra.

El espacio, en este caso el paisaje fluvial y un lujoso y antiguo edificio, son parte de la trama, y ayudan a crear esa atmósfera tan característica en sus obras.

El crimen es horrendo, dramático y ominoso, y afecta a todos por igual. Nadie sale incólume, ni aún los investigadores. Y todos los personajes, aún los criminales, son mostrados, con una gran sensibilidad y un dejo de piedad por parte de la autora, como seres humanos que sufren al protagonizar un drama, el de sus propias vidas.

Por último, al estar ambientada en una editorial, la autora nos permite ver algunos aspectos, seguramente fruto de su propia experiencia, sobre los escritores y las editoriales.

A continuación, un fragmento de esta excelente novela, publicada en 1994, cuya lectura recomiendo.

“ y ahora el miedo se estaba volviendo real. Levantó la vista al balcón más alto y se imaginó el horror de esa caída, los miembros al viento, el único grito – seguramente ella gritó -, el estrépito horroroso cuando el cuerpo pegó contra el mármol. De pronto hubo un grito salvaje y ella se sobresaltó, pero solo era una gaviota. El pájaro le pasó rozando por encima, se sostuvo un momento sobre la baranda; luego abrió las alas y voló río abajo.

Ahora empezaba a sentir frio. El frio no era natural, subía desde el mármol como si estuviera parada sobre hielo, y la brisa del río había refrescado: soplaba contra su rostro con la primera ráfaga helada del invierno. Estaba echando una última mirada al río, hacia donde estaba la lancha silenciosa y vacía, cuando sus ojos pescaron como en un pestañeo algo blanco en la parte superior de la baranda, a la derecha de los peldaños de piedra que bajaban al Támesis. Al principio se veía como si alguien hubiera atado un pañuelo a la baranda. Curiosa, cruzó hasta ahí y vio que era una hoja de papel pinchada en la punta de una de las angostas estacas. Y había algo más, el resplandor de un metal dorado en la parte inferior de la baranda. Mandy se puso de cuclillas, algo desorientada por el miedo que sentía, y le tomó unos segundos reconocerlo. Era la hebilla de una angosta correa de cuero, la   correa de una cartera de las que se llevan colgadas del hombro. La correa se hundía en la inquieta superficie del agua, y debajo de esa superficie había algo apenas visible, algo grotesco e irreal, como la cabeza en forma de cúpula de un insecto gigante, sus millones de patas peludas moviéndose suavemente en la marea. Y entonces Mandy supo que lo que estaba viendo era la parte superior de una cabeza humana. Al final de la correa de cuero había un cuerpo humano. Y mientras ella miraba, el cuerpo se movió en la marea y una mano blanca subió lentamente en el agua, como el tallo de una flor en agonía.

Por unos pocos segundos la incredulidad luchó contra la certeza de lo que veía, y luego, casi desmayada por la conmoción y el terror, se desplomó sobre sus rodillas aferrándose a los barrotes de hierro. Sentía como el frío metal raspaba sus manos y luego su fuerza presionada contra su cabeza. Estaba ahí de rodillas, incapaz de moverse, con el terror apretando su estómago y convirtiendo sus miembros en piedra. En medio de esta nada, sólo su corazón estaba vivo, un corazón que se había convertido en una gran bola de hierro ardiente que golpeaba contra sus costillas como si tuviera el poder de hacerla pasar por los barrotes y entrar al río. No se atrevió a abrir los ojos; abrirlos significaba ver lo que ella todavía podía creer a medias; la correa doble de cuero hundiéndose en el agua, y por debajo, esa abominación.

No sabía cuánto tiempo estuvo ahí de rodillas antes de ser capaz de moverse, pero gradualmente comenzó a sentir de nuevo el fuerte olor del río en sus fosas nasales, el frio del mármol contra sus rodillas, y su corazón se aquietaba. Sus manos estaban tan rígidas en los barrotes que le tomó unos penosos segundos separar los dedos. Entonces pudo incorporarse y de pronto encontró fuerza y propósito…”

INGLOURIOUS BASTERDS


 

Si hubiera nacido en la Argentina, seguramente, Quentin Tarantino, que cumplió años días atrás, habría sido fanático del ya mítico ciclo Cine de Super Acción, que nos deleitaba todos los fines por la TV en los 70.  Gran amante del cine, sus películas son un homenaje a todo el cine que vió, – que vimos- , por lo que, al ver una película suya, podemos también hacer nuestro ese homenaje.

No es un cine estilizado ni contiene esos mensajes profundos que tanto gustan a algunos, y, seguramente desde las academias se le pueda criticar mucho como cineasta. Pero sus films entretienen, y eso, es mucho.

Desde el Pájaro Negro, festejamos su cumpleaños haciendo una reseña de su obra. Comenzamos con Bastardos sin gloria. (2009)

 

 

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Esta genial película, expresa lo que el imaginario social desea que pase cada vez que vemos una película sobre la segunda guerra mundial y el genocidio nazi. Narra una historia llena de personajes constituidos como antihéroes con deseos de venganza, que logran mantener la atención de un variado y heterogéneo público. El guión se destaca por sobre todas la cosas; sin dejar de mencionar la excelente actuación;  – en particular el personaje de Hans Landa, interpretado por Cristoph Walz,que a nuestro juicio se roba la película – ,  ya que genera en el espectador una molestia genuina por su actitud beligerante, agresiva e impune – .

La idea de la película, sostienen, está inspirada en “La Operación Greenup” , un grupo militar formado por combatientes, entre ellos,algunos judíos que se propusieron cambiar el rumbo de la guerra, lamentablemente esto no fue lo posible. Las ideas que circulan en cualquier charla entre amigos, conocidos, etc. luego de ver pelis sobre el holocausto o al hablar sobre la segunda guerra son plasmadas por este gran director que logró captarlas y darle su toque tan particular y característico.

Hay que resaltar, además, como suele ocurrir en la obra de Tarantino, la gran referencia cinéfila y la importancia que le da al cine como elemento fundamental del film

Aquellos que no vieron aún esta ya clásica película, no pierdan la oportunidad, es un film para no dejar pasar, y  para disfrutar.

FICHA TÉCNICA

Título original  Inglourious Basterds

Año 2009

Duración 146 min.

País Estados Unidos

Director Quentin Tarantino

Guión Quentin Tarantino

Fotografía Robert Richardson

Reparto: Brad Pitt, Christoph Waltz, Mélanie Laurenz, Diane Kruger, Michael Fassbender, Daniel Brühl, Eli Roth, Til Schweiger, B.J.Novak, August Diehl, Mike Myers, Omar Doom,Sylvester Groth, Denis Menochet, Richard Sammel, Jacky Ido, Martin Wuttke, Julie Dreyfus, Samm Levine, Gedeon Burkhard, Rod Taylor, Christian Berkel, Léa Seydoux

Productora : Coproducción USA-Alemania; Universal Pictures / The Weinstein Company / Lawrence Bender Productions / Neunte Babelsberg Film

 

DETECTION CLUB


En 1929, y , en pleno aunge de lo que se llamó “La Edad Dorada”, los principales escritores de relatos detectivescos fundaron, en Londres, el Detection Club.

Dorothy Sayers, una de sus principales referentes e impulsoras, así se expresaba:

«¿Qué es eso del Detection Club?» Es una sociedad privada de autores de novelas policiales que existe en Gran Bretaña, y cuyo propósito es proporcionarles la oportunidad de cenar juntos a intervalos regulares, para conversar interminablemente acerca del oficio. Esta sociedad no tiene compromisos con ningún editor, ni tampoco, aunque exista en todos sus miembros la honrada ambición de obtener algún que otro penique a cambio del placer que al público dispensan, cuenta entre sus fines primordiales la preocupación de hacer dinero. Sus miembros se reclutan exclusivamente entre los autores de auténticas novelas policiales (y no de meros relatos de aventuras ni de «thrillers») y la elección, que se efectúa por medio del voto del club en pleno ante la recomendación de dos o más de sus socios, obliga a un juramento determinado. Si bien todas las torturas del universo no podrían inducirme a revelar dato alguno referente al solemne ritual del Detection Club, acaso me sea lícito aventurar unas pocas palabras respecto a la naturaleza del juramento exigido. Brevemente, la cosa viene a consistir en que cada autor se compromete a jugar limpio con el público y con sus colegas. Sus detectives deberán investigar por sus propios medios, sin ayuda de accidentes ni de coincidencias; no inventará rayos mortíferos ni venenos absurdos para llegar a soluciones que ningún ser normal podría esperar, y tratará de escribir en el inglés más correcto posible. Guardará una inviolable reserva sobre los argumentos y títulos futuros de sus colegas, a quienes prestará cuanta ayuda pueda cuando necesiten consejo acerca de asuntos técnicos. Si alguna finalidad seria existe en la organización confesadamente frívola del Detection Club, es la de mantener la novela policial en el más elevado nivel que su naturaleza intrínseca consienta y depurarla del funesto legado de sensacionalismo, cháchara y estilo corrompido que por desgracia la abrumó en los tiempos pasados.