Muerte en el otro cuarto, de Anthony Gilbert


Esta novela, de ágil lectura, ideal para las tardes de estío, se caracteriza por su tono irónico y sus descripciones de personajes y de situaciones plenas de humor. Su trama es simple y, aunque su final es predecible, esto no le quita interés al relato.

“Alrededor de las doce menos diez, cuando Crook recorría su camino tenazmente en medio de la noche, se abrió una puerta y una figura silenciosa se deslizó por el pasillo. Se hallaba embozada en unas negras vestiduras, que la volvían casi invisible en la casa sin luces, y sostenía algo en la mano. Se detuvo, rígida como un poste, escuchando con atención y luego comenzó a descender despacio por la escalera. De vez en cuando se detenía, como si presintiera un obstáculo, pero al no descubrir a nadie, proseguía su peligroso descenso. En todas partes, la oscuridad era tupida. La figura se acercó a la puerta principal, levantó la falleba y salió al exterior. Merced a las conversaciones de esa noche, no había duda del lugar donde se hallaba la llave y con ella cerró la puerta desde afuera. Pronto terminó con sus simples preparativos y entonces se mantuvo a la expectativa. Aunque reinaba la oscuridad, algunos sonidos distinguían la vida de la muerte. Un búho chilló apagadamente, crujieron los árboles, sacudidos por el viento húmedo y frío que había seguido a la lluvia, y por doquier flotaba un perfume y el murmullo de los arbustos que crean el ámbito de la noche.

El que esperaba en la sombra tembló, inquieto, al oír el sonido de un automóvil que se aproximaba.”

 

Publicada en la magistral colección El Séptimo Círculo, – se la encuentra fácilmente por 60 pesos o menos en las librerías porteñas-  transcribimos, para finalizar, el prefacio que los editores de la colección le dedicaron a la autora:

“Anthony Gilbert (Lucy Beatrice Malleson) logra mantener sin esfuerzo un nivel de excelencia. Del catálogo de sus obras mencionaremos: The case against Andrew Fane, Death at four corners, Body on the beam, an old lady dies, Dear dead woman, Treason in my breast, The woman in red, He came by night, The long shadow, The case of the Teacosy´s aunt, The mouse who wouldn´t play ball, The bell of death, Don´t open the door, Lift up the lid.

Estas singularísimas obras enriquecen y continúan, dentro de la novelística inglesa, la enérgica tradición de Dickens y de Wilkie Collins. Plantean problemas de apariencia insoluble; comprometen, desde las primeras líneas, la urgente curiosidad del lector; sus diálogos son vivos, y la realidad de sus personajes, alucinante. Las distingue, aunque sabiamente construídas, el ímpetu vital, avasallador, de la obra espontánea.”

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Diez Negritos


Diez negritos se fueron a cenar.

Uno de ellos se asfixió y quedaron

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DIEZ NEGRITOS es una de las más famosas novelas escritas por Agatha Christie.

Su argumento es simple: diez desconocidos son invitados a pasar un fin de semana en una isla. Allí comienzan a ser asesinados, uno por uno, de acuerdo a la letra de una canción infantil.

Aunque no es un relato de detectives, ya que no los hay, se plantea una situación común a las novelas de misterio, un grupo de personas reunidas en un lugar cerrado y obligadas a convivir, y en grado creciente, a afrontar miedos, sospechas, angustias y finalmente, sus propias muertes.

“A su pesar los invitados se fueron a sus habitaciones. Si hubiesen estado en una vieja casona con las escaleras y los suelos cimbreantes, con rincones llenos de sombras por todas partes y paredes artesonadas y oscuras, hubiesen podido sentir siniestros temores, pero no se encontraban en tal caso.

En esta vivienda ultramoderna, exenta de oscuros rincones, con luz eléctrica derramada a chorros, todo era nuevo, brillante, resplandeciente, nada podía esconderse de malo, faltaba por completo el ambiente de los viejos caserones atormentados.

Y, sin embargo, inspiraba a los reunidos un temor inexplicable.

Se desearon las buenas noches y entraron en sus respectivos dormitorios. Casi inconscientemente todos echaron la llave a su puerta”.

 

De fácil lectura, es una buena forma de introducirse en el género. La misma autora, rápidamente convirtió la novela original en una obra teatral, la cual, a su vez, fue llevada al cine en muchas ocasiones, siendo la realizada por el gran Rene Clair en 1945 la primera, – y a mi juicio-, la mejor. Y, aunque la isla fue reemplazada en las sucesivas versiones por hoteles en el desierto, safaris africanos o refugios alpinos, en general, en todas se respeta la trama original.

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Así se refiere la autora a su obra:

“Había escrito Diez negritos porque era tan difícil de realizar que la idea me fascinaba. Tenían que morir diez personas, sin caer en lo ridículo, y sin que se viera fácilmente quién era el asesino. Escribí el libro después de una planificación concienzuda y el resultado me gustó. Era claro, directo, de solución nada fácil, aunque la explicación fuera perfectamente razonable, tal como se aclaraba en el epílogo. La obra gustó y tuvo buena crítica, aunque quién se quedó realmente encantada fui yo misma, pues sabía mejor que ningún crítico lo que me había costado escribirla”

Un negrito se encontraba solo.

Y se ahorcó y no quedó…

¡Ninguno!

LA MUERTE LENTA DE LUCIANA B., de Guillermo Martínez


 

 

“El teléfono sonó una mañana de domingo y tuve que arrancarme de un sueño de lápida para atenderlo. La voz sólo dijo Luciana, en un susurro débil y ansioso, como si esto hubiera debido bastarme para recordarla. Repetí el nombre, desconcertado, y ella agregó su apellido, que me trajo una evocación lejana, todavía indefinida, y luego, en un tono algo angustiado, me recordó quién era. Luciana B. La chica del dictado. Claro que me acordaba. ¿Habían pasado verdaderamente diez años? Sí: casi diez años, me confirmó, se alegraba de que yo viviera todavía en el mismo lugar. Pero no parecía en ningún sentido alegre. Hizo una pausa. ¿Podía verme? Necesitaba verme, se corrigió, con un acento de desesperación que alejó cualquier otro pensamiento que pudiera formarme. Sí, por supuesto, dije algo alarmado, ¿cuándo? Cuando puedas, cuanto antes….

Así comienza: La Muerte lenta de Luciana B.

Guillermo Martínez, nos presenta aquí un inquietante thriller psicológico.

La novela contiene los elementos comunes al género policial: una sucesión de tragedias, una investigación, un sospechoso, una víctima, un detective en la búsqueda de la verdad…, narración en primera persona…

Pero, el relato va mucho más allá, y, por momentos excede los límites tradicionales del género, con algunas puertas abiertas hacia lo azaroso o lo sobrenatural, o lo fantástico, si es que el lector quiere creerlo así, y este es otro de los elementos que cabe destacar de esta novela. El lector puede, también, clasificar el relato – o parte de él –  dentro de un género u otro.

Hay un clima opresivo y una excelente confrontación de caracteres, tanto intelectual como psicológica, en un juego de obsesión y venganza, donde cada uno de los protagonistas aporta su subjetividad en la reconstrucción de los hechos, – y por lo tanto, en la trama -, y donde la verdad pasa por las explicaciones que se dan al lector, – y vale recalcar el plural – que por las evidencias concretas encontradas.

 También hay una corriente subterránea relacionada con el mundo de la literatura (los protagonistas principales son escritores), donde la realidad y la ficción, muchas veces se mimetizan.

En definitiva, tenemos una atrapante novela, cuya lectura recomendamos.

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Autor y matemático argentino, Guillermo Martínez (1962) estudió Matemáticas en la Universidad del Sur, completando su formación académica primero en Buenos Aires, donde se doctoró en Lógica, y más tarde en Oxford.

Sin embargo, su gran pasión ha sido siempre la creación literaria. Tras sus estudios, pasó varios años como artista residente en universidades de Canadá y Estados Unidos.

Su primer libro publicado fue una antología de relatos, a la que siguieron dos novelas que pasaron desapercibidas para el gran público (Acerca de Roderer y La mujer del maestro). En 2003 publicó la que es su obra más conocida, Los crímenes de Oxford, obra con la que consiguió premios y celebridad mundial y que en 2008 fue llevada al cine de manos de Álex de la Iglesia.

Además de éstas y La muerte lenta de Luciana B., escribió Gödel para Todos, Yo también tuve una novia bisexual, y Una felicidad repulsiva.

La herida íntima, de Nicholas Blake


 

“Ya es tiempo de que cuente esta historia. No sé si alguna vez podré publicarla, no por miedo de herir a los interesados – los que más podrían sufrir ya han muerto -, sino porque es una especie de confesión, y no me gusta este tipo de literatura.

Cuando recuerdo aquel maravilloso verano de 1939 en el oeste de Irlanda, hace casi treinta años, siempre es la misma imagen las que, casi contra mi voluntad, ocupa el primer plano en mi mente: me veo tendido en una cama, empapado en nuestro sudor; ella de pie junto a la ventana abierta para refrescarse a la luz de la luna. Otra vez veo su cuerpo escultural, de curvas convencionales, casi anticuadas, hombros algo caídos, piernas más bien cortas, el inquietante contorno de la columna vertebral semioculto por el pelo cobrizo, que ahora parece negro. Debajo de la ventana, la fucsia debe parecer una serie de gotas de sangre oscura. Más allá, el río sueña y habla en voz alta. Ella está desnuda.

Como no he podido desechar su recuerdo, como en cierto modo me pidió tan poco mientras vivió, como merece un modesto altar a su memoria (y sin mí, ¿quién la recordaría?), sí: por simple gratitud debo relatar lo ocurrido, que para mí comenzó como un idilio, siguió como una farsa y terminó en tragedia.

No parece un argumento de Eyre, dirán mis fieles lectores. Demasiado romántico para este tipo de novelista: y quizás tengan razón.

Pero es mi historia, y ojalá nunca hubiese sucedido: lo digo de todo corazón”

 

Con estas palabras comienza LA HERIDA ÍNTIMA, una muy buena novela de Nicholas Blake.

Ambientada en un pueblito de Irlanda, donde todos se conocen, y donde afloran los recuerdos – y las heridas – de la guerra pasada, mezclados con las especulaciones sobre una guerra inminente, está narrada en primera persona, y desde el principio, con un dramatismo creciente, el autor nos introduce en un triángulo amoroso que se transforma en escándalo, y luego deriva en un sangriento crimen.

“Es un misterio clásico, y la identidad del asesino se mantiene cuidadosamente oculta; pero es algo más: un estudio de tres personajes muy particulares, precisamente observados, que se transforma en un drama de alta tensión, con las colinas y las aguas del litoral occidental de Irlanda, conmovedoramente evocadas, como telón de fondo.”

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Testigo de Cargo


Testigo de Cargo es una excelente película filmada en 1958 por el gran director austríaco Billy Wilder. Está basada en una popular obra de teatro de Agatha Christie.

Cuenta con un gran reparto, donde destacan primerísimas figuras del cine, como Charles Laughton, Marlene Dietrich, Tyrone Power y Elsa Lanchester.

Su trama es simple, Leonard Vole, un hombre agradable y simpático, es acusado del asesinato de una acaudalada señora que lo había dejado como beneficiario en su testamento.

Las pruebas circunstanciales en su contra parecen abrumadoras, pero un prestigioso abogado se dispone a defenderlo.

Sobre la génesis de su obra, en su Autobiografía, Agatha Christie afirma:

“era una de mis piezas preferidas; me gustaba más que casi ninguna otra. Pero no quería escribirla; me aterrorizaba hacerlo. Peter Saunders, que tenía grandes dotes de persuasión, me forzó, me intimidó amablemente uy me aduló con sutileza:

  • Por supuesto que puedes hacerlo
  • Pero no sé una palabra sobre procedimientos legales. Me haría un lío
  • Eso no es un problema. Tu estúdialo y luego tendremos a mano un abogado para corregir anomalías y supervisar que todo vaya bien.
  • No puedo escribir la escena de un juicio.
  • Claro que puedes, has visto representadas muchas escenas de ese tipo. Puedes estudiar vistas de causas.
  • No sé… No creo que pueda.

Peter Saunders continuó diciendo que, por supuesto, podría, y que empezara pronto porque quería la obra rápidamente. Hipnotizada y, como siempre, sometida a l poder de su sugestión, me leí cantidad de ejemplares de la serie Juicios Famosos, consulté con pasantes y abogados, y, al final me interesé sobre el tema. Me di cuenta de que estaba disfrutando, de repente, en uno de esos maravillosos momentos de tremenda inspiración que por lo general duran poco, pero que te llevan a la orilla como una larga ola. <Esto es fantástico; lo estoy haciendo; esto funciona; ahora, como va a seguir la cosa> Es el preciso momento de verlo todo claro, no en el escenario, sino en la mente. Ya está todo. La trama real, el juicio real – todavía sin el Old Bailey porque no había estado en él –  todo el esquema de la escena ante el tribunal, grabado en mi mente. Veía al joven desesperado y nervioso sentado en el banquillo y a la misteriosa mujer que llega como testigo a declarar, no en favor de su amante sino apoyando al fiscal. Es una de las obras que he escrito con más rapidez”

 

Pese a que hay una investigación de asesinato de por medio, la película está narrada con mucho humor, por ejemplo, los cruces verbales y comentarios del juez, y los abogados durante el juicio.

Como si fuera una película dentro de otra, la interacción y los irónicos diálogos entre el abogado y su enfermera, interpretados magníficamente por Charles Laughton y Elsa Lanchester, (matrimonio en la vida real) son de antología, y, por si mismos, hacen que valga la pena ver esta película una y otra vez.

Billy Wilder, que filmó esta película por pedido de Marlene Dietrich, atribuyó el éxito de la misma a la labor de Charles Laughton en el rol principal.

Por último, cabe destacar la maestría con la que el director introduce elementos para reafirmar el suspenso o la acción dramática, al mejor estilo Hitchcock, como cuando, hace que el monóculo del abogado haga brillar la luz sobre el cuchillo.

En definitiva, Testigo de Cargo es una magnífica obra que merece ser vista una y otra vez, y que, sin duda, disfrutarán todos los amantes del suspenso, y todos los amantes del buen cine.testigo-de-cargo

El Caso de los Anónimos, de Agatha Christie


“He recordado con frecuencia la mañana en que llegó el primero de los

anónimos.

Lo recibí a la hora del desayuno y le di vueltas y más vueltas, como

suele hacerse cuando el tiempo se hace largo y a todo acontecimiento

hay que sacarle el mayor jugo posible. Era una carta del interior, con

las señas escritas a máquina. La abrí antes que otras dos que

llevaban matasellos de Londres, ya que una de ellas era,

evidentemente, una factura, y en la segunda reconocí la escritura de

una de mis latosas primas.

Ahora resulta raro recordar que a Joanna y a mí la carta nos hizo más

gracia que otra cosa. Entonces no teníamos ni la más vaga idea de lo

que había de venir: aquel rastro de sangre y violencia, de

desconfianza y de temor”.

 

El Caso de los Anónimos es una amena novela, de fácil lectura, que Agatha Christie escribió en 1943.

Como en tantas otras de sus obras, nos presenta en ésta lo que fue su especialidad. Un pequeño pueblo rural, con sus habitantes de siempre: el médico, el abogado, el sacerdote y su esposa, las típicas solteronas y las típicas criadas.

Narrada en primera persona, desde que comenzamos, vamos compartiendo el punto de vista, y también, sobre todo, los temores del protagonista .

 

“Ahora me parece extraño que en nuestras elucubraciones acerca del

estado de ánimo de la Pluma Venenosa, pasáramos por alto lo más

evidente. Griffith la había imaginado triunfante. Yo, presa de

remordimientos… por el resultado de su obra; y la señora Calthrop

como un ser desgraciado.

No obstante, la reacción inevitable que no habíamos tenido en

cuenta… o tal vez debiera decir que yo no había considerado… era el

«miedo».

Porque con la muerte de la señora Symmington las cartas habían

pasado de una categoría a otra. Ignoro cuál sería la posición legal…

supongo que Symmington lo sabría, pero era evidente que con una

muerte como resultado, la posición del autor o la autora de los

anónimos era mucho más seria. No podrían pasar como una simple

broma, una vez aclarada la identidad del autor. La policía trabajaba

activamente; se había solicitado la ayuda de un experto de Scotland

Yard, y ahora era de vital importancia para el autor de las cartas

permanecer en el anónimo.

Y dando por hecho, que el «miedo» fuera su reacción natural, a ella

seguían otras consecuencias cuyas posibilidades yo desconocía…

aunque fueran igualmente obvias”.

 

Si bien Miss Marple es quien aparece al final de la obra para develar el misterio, su rol, a mi juicio, es secundario, y la novela podría tranquilamente prescindir de ella.

Como dato anecdótico,  cabe agregar que, para la misma época, y sin que medie relación con esta novela, Henry George Clouzot filmó su obra maestra, Le Corveau, donde también los anónimos fueron protagonistas.

Para finalizar, leamos las palabras que, a modo de prefacio, escribió la autora:

 

“Siempre resulta agradable plantearnos un tema clásico y ver lo que

puede hacerse con él. En este caso, el tema de la pluma que destila

veneno, sigue las líneas generales de otros casos bien conocidos y

comprobados de escritores de anónimos. ¿Hasta qué punto se

parecen? ¿Él motivo fundamental es casi siempre el mismo? ¿Qué

campo ofrece semejante material para una persona aficionada al

crimen? El caso de los anónimos es mi contribución al asunto.

Mientras escribía el libro inventé un personaje a quien he llegado a

apreciar mucho y que se hizo singularmente real para mí. Si Megan

entrase en mi cuarto mañana, habría de reconocerla en seguida y me

encantaría verla. Le estoy agradecida por haber cobrado vida en mi

obsequio. También quisiera encontrarme con la mujer del pastor,

pero temo que jamás lo lograré.

Escribiendo este libro disfruté con fruición.

Me gustaron su cómodo ambiente de pueblo y sus personajes. Los

ambientes exóticos, pienso a veces, restan interés al crimen en sí.

Para que un crimen resulte interesante, ha de producirse entre

gentes que ustedes mismos podrían encontrar cualquier día”.

 

El Faro, de P.D.James


“En algún lugar, hasta ahora sólo imaginado, un cadáver la esperaba tendido en la fría abstracción de la muerte. Un grupo de personas esperaba que llegara la policía, algunas de ellas apenadas, la mayoría aprensivas, una compartiendo sin duda su propia mezcla embriagadora de excitación y resolución”. 

 

 

En esta excelente novela de P.D.James, magníficamente ambientada en una isla castigada por el viento, la niebla y el mar, la investigación policial se centra en torno a la muerte de un conocido escritor. Su facil lectura, la descripción del paisaje y de los edificios como parte esencial de la narración, y la humanidad con que estan retratados los personajes, hacen de ésta, una lectura ineludible. A continuacion dos fragmentos..

“A veces, al despertar se encontraba en el suelo, pero esta noche tenía las sábanas medio enredadas en el cuerpo. En alguna ocasión, el grito dado al despertar alarmó a Miranda y ella apareció, práctica como siempre, tranquilizadora, preguntándole si todo iba bien, si necesitaba algo, si quería que preparara una taza de té para los dos. El contestó: «Es sólo un mal sueño, sólo un mal sueño. Ve a la cama.» Pero sabía que esta noche no vendría. Nadie vendría. Se quedó tendido, mirando fijamente la raya de luz que le alejaba del horror; luego, muy despacio, se levantó de la cama, fue tambaleándose hasta la ventana y abrió de par en par los postigos al amplio panorama de las estrellas y el mar luminoso.

Se sintió inconmensurablemente pequeño, como si su mente y su cuerpo se hubieran encogido y él estuviera solo en un globo giratorio, contemplando la inmensidad. Allí estaban las estrellas, moviéndose de acuerdo con las leyes del mundo físico, pero su brillo estaba únicamente en su mente, una mente que empezaba a fallarle, y unos ojos que ya no conseguían ver con claridad. Sólo tenía sesenta y ocho años pero lenta, inexorablemente, su luz se extinguía. Se sintió intensamente solo, como si no existiese ningún otro ser vivo. Nada podía ayudarlo, ni en ningún lugar de la Tierra ni en aquellos mundos muertos que giraban en el cielo con su brillo ilusorio. Nadie lo oiría si se abandonaba a un impulso casi irresistible y gritaba en voz alta a la noche insensible: «¡No te lleves mis palabras! ¡Devuélveme mis palabras!»”

 

“Y entonces, tan misteriosamente como había bajado, la niebla empezó a levantar. Frágiles y sutiles velos pasaron ante el faro, se juntaron y se disolvieron. Gradualmente formas y colores empezaron a revelarse, y lo misterioso e intangible se convirtió en familiar y real. Y entonces lo vio. Su corazón dio un vuelco y empezó a golpear su pecho con una fuerza que le hizo estremecerse. Debió de gritar, pero no oyó otro sonido que el graznido de una gaviota solitaria. Y poco a poco el horror se fue revelando, primero detrás de un delgado velo de niebla y luego con una claridad absoluta. Los colores reaparecieron, pero con una intensidad mayor de lo que recordaba: las paredes resplandecientes, el fanal rojo en lo alto rodeado por una barandilla blanca, la extensión azul del mar, el cielo tan claro como en un día de verano.

Y en lo alto, recortado contra la blancura del faro, un cuerpo colgado: el rojo y el azul trenzados de la soga que ascendía hasta la barandilla, el cuello manchado y estirado como el pescuezo de un pavo, la cabeza grotescamente grande caída hacia un lado, las manos con las palmas hacia fuera, como en una parodia de bendición. El cuerpo llevaba zapatos, pero en un segundo de desorientación le pareció ver los pies colgar uno al lado del otro en una desnudez patética.

Le pareció que pasaban los minutos, pero sabía que el tiempo se había detenido. Y entonces oyó un gemido agudo y continuo. Miró a su derecha, y vio a Jago y a Millie. La muchacha miraba hacia arriba, a Oliver, y su llanto era tan continuo que apenas podía respirar.

Y entonces, dando la vuelta a la pared del faro, apareció el grupo de búsqueda. No pudo distinguir ninguna palabra, pero el aire pareció vibrar con una confusa mezcla de gemidos, gritos ahogados, exclamaciones, quejidos y lloriqueos, un sordo lamento colectivo realzado por el llanto de Millie y la súbita algarabía de las gaviotas.”

Hércules Poirot


En la literatura y el cine policial, Hercule Poirot es uno de los detectives más conocidos. Interpretado en la pantalla por Tony Randall, Albert Finney, Peter Ustinov, y David Suchet, hizo su aparición pública en la primera novela de Christie, El misterioso caso de Styles, de 1920

En su autobiografía, así se refiere la autora a la génesis de este personaje:

“…Por supuesto, tenía que haber un detective. Por aquellas fechas estaba muy influenciada por Sherlock Holmes. Así que me puse a estudiar tipos de detectives. No al estilo de Sherlock Holmes, por supuesto, inventaría uno de mi propia cosecha, que tendría también un amigo en calidad de ayudante o lugarteniente: no era demasiado difícil …..¿Quién sería el detective? Repasé todos los que había conocido y admirado en los libros. Estaba Sherlock Holmes, el primero y el único: nunca sería capaz de emular sus aventuras. Arsenio Lupín, ¿qué era, un criminal o un detective? De todas formas no era mi tipo. Estaba también aquel joven periodista Rouletabille de El misterio del cuarto amarillo: ése era el tipo de persona que me hubiera gustado inventar, alguien poco habitual. ¿A quién podía utilizar? ¿Un estudiante? Bastante difícil. ¿Un científico? ¿Y qué sabía yo de científicos? Entonces me acordé de nuestros refugiados belgas…..¿por qué no hacer que mi detective fuera belga? Pensé. Había toda clase de refugiados. ¡Qué tal un oficial de  policía refugiado? Pero un oficial jubilado, no uno demasiado joven….

Así que me decidí por un detective belga. Poco a poco fui moldeando su personalidad. Sería un inspector, para que tuviera ciertos conocimientos sobre el crimen. Debía ser meticuloso, muy ordenado, me dije a mi misma, mientras amontonaba las cosas más insospechadas en mi dormitorio. Un hombrecito ordenado, clasificando siempre sus cosas, emparejándolas, gustándole más los objetos cuadrados que redondos. Además, sería muy cerebral, con la cabeza llena de pequeñas células grises. Ésa era una buena frase: debía recordarla. Sí, tendría muchas pequeñas células grises. Necesitaba un nombre ampuloso, uno de esos nombres que Sherlock Holmes y su familia tenían…. ¿Qué tal si llamaba a mi hombrecito Hércules? Sería un hombre pequeño con un gran nombre: Hércules. Su apellido ya resultaba más difícil. No recuerdo como obtuve el de Poirot,….. de todas formas el apellido surgió. Pegaba bien con Hércules: Hércules Poirot. Estupendo”

Y así lo describe su amigo y partenaire de sus primeras investigaciones, Arthur Hastings,

“Poirot era un hombre menudo con un aspecto extraordinariamente llamativo. Mediría poco más de un metro sesenta, pero su figura poseía una gran dignidad. Su cabeza tenía exactamente la forma de un huevo y siempre la llevaba algo inclinada hacia un lado; su bigote era espeso y militar. La pulcritud de su indumentaria era casi increíble. Creo que una mota de polvo le habría causado mayor dolor que una herida de bala. Sin embargo, este hombre pequeño con aires de dandy que ahora cojeaba visiblemente, como tuve ocasión de comprobar con pena, había sido en otro tiempo uno de los miembros más famosos de la policía belga. Como detective su olfato había sido extraordinario, y le había permitido obtener grandes éxitos desenmarañando algunos de los casos más difíciles de su época.”

 

Para todos los que quieren seguir la trayectoria de Hércules Poirot, en la página oficial de Agatha Christie,  http://www.agathachristie.com  se sugiere este orden de lectura.

  • El misterioso caso de Style. 1920
  • Asesinato en el campo de golf. 1923
  • Christmas adventure (cuento).1923
  • Poirot investiga (cuentos).1924
  • Primeros casos de Poirot (cuentos).1924
  • El asesinato de Roger Ackroyd.1926
  • Los cuatro grandes.1927
  • El misterio del tren azul. 1928
  • Café solo (novelización de la obra teatral por Charles Osborne) 1997
  • Peligro inminente 1932
  • El misterio del cofre de Bagdad (cuento) 1932
  • El segundo gong (cuento) 1932
  • La muerte de Lord Edgware. 1933
  • Asesinato en el Orient Express. 1934
  • Tragedia en tres actos. 1935
  • Muerte en las nubes. 1935
  • El misterio de la guía de ferrocarriles. 1936
  • Muerte en Mesopotamia. 1936
  • Cartas sobre la mesa. 1936
  • Iris amarillos (cuento) 1937
  • Asesinato en Bardsley Mews (cuatro historias) 1937
  • El testigo mudo 1937
  • Muerte en el Nilo 1937
  • Cita con la muerte 1938
  • Navidades trágicas 1938
  • Un triste ciprés 1940
  • La muerte visita al dentista 1940
  • Maldad bajo el sol 1941
  • Cinco cerditos 1943
  • Sangre en la piscina 1946
  • Los trabajos de Hércules (cuentos) 1947
  • Pleamares de la vida 1948
  • Mrs McGinty ha muerto 1952
  • Después del funeral 1953
  • Asesinato en la calle Hickory 1955
  • El templete de Nasse House 1956
  • Un gato en el palomar 1959
  • El puddin´de Navidad (cuentos) 1960
  • Los relojes 1963
  • Tercera muchacha 1966
  • Las manzanas 1969
  • Los elefantes pueden recordar 1972
  • Telón, último caso de Poirot 1975

Si bien en general se pueden leer en cualquier orden, – y de hecho la mayoría de los lectores así las hemos leído – , es aconsejable tener en cuenta algunos detalles, Telón, debe ser la última en ser leída, y en algunos casos, por referencias que se hacen, hay que tener en cuenta lo siguiente:

  1. La muerte de Lord Edgware debe ser leída antes que Después del funeral
  2. Cinco cerditos tiene que leerse antes que Los elefantes pueden recordar
  3. Un gato en el palomar tiene que leerse antes que Las manzanas
  4. Hay que leer Mrs McGinty   antes de Las Manzanas y Los elefantes pueden recordar
  5. Asesinato en el Orient Express hay que leerlo antes que Muerte en Mesopotamia
  6. Tragedia en tres actos tiene que leerse antes de Navidades Trágicas
  7. En El testigo mudo y Cartas sobre la mesa, aluden a novelas anteriores

Cierta clase de justicia, de P. D. James


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“Por lo general, los asesinos no advierten a sus víctimas. En este caso, la muerte, por terrible que sea el último segundo de espantosa comprensión, llega piadosamente aliviada por cierto terror anticipatorio. Cuando la tarde del miércoles 11 de septiembre Venetia Aldridge se levantó para interrogar al principal testigo de cargo en el caso Regina v. Ashe le quedaban cuatro semanas, cuatro horas y cincuenta minutos de vida. Después de su muerte, los muchos que la habían admirado y los pocos que la habían querido se encontraron murmurando – en busca de una respuesta más personal que el habitual compendio de adjetivos motivados por el horror y la ira – que a Venetia le hubiera gustado que su último caso de asesinato fuera juzgado en el Old Bailey, escenario de sus más grandes triunfos, y en su corte favorita. Pero había cierta verdad en la futilidad.

Así comienza Cierta clase de justicia (su título original es A certain Justice) otra muy buena novela que P.D.James publicó en 1997

En palabras de su autora,

“Cierta clase de justicia es una de las novelas que más he disfrutado escribir, mayormente debido a mi fascinación por las leyes penales y a la diversión y el interés que sentí mientras investigaba para el libro. Todo comenzó, como suele suceder con casi todas mis novelas, con el escenario……Al dar un paseo luego del oficio por The Temple y por la Midle Temple Lane me llamó la atención el contraste entre la paz, las tradiciones, la historia y la belleza disciplinada de esta excepcional zona de Londres y los atroces sucesos con los que lidian a diario los abogados penalistas en tribunales como los de Old Bailey. Pensé que sería emocionante poner un asesinato, el máximo crimen, en el corazón de este bastión de la ley y el orden, con una abogada penalista asesinada en su propio despacho. De golpe, como ocurrió con todas mis otras novelas policiales, a esta inspiración inicial llegó la alentadora certeza de que escribiría otro libro”

A continuación un fragmento:

“ Naughton abrió la puerta de roble e introdujo la llave en la puerta interna. Inmediatamente supo que algo andaba mal. Había un olor en el despacho, extraño y débil, pero a la vez horriblemente familiar. Apoyó la mano en el interruptor y encendió la luz.

Lo que vieron sus ojos era tan bizarro en su horror que durante medio minuto quedó paralizado, sin poder creerlo: su mente rechazaba lo que sus ojos veían claramente. No era cierto. No podía ser cierto. Durante esos segundos de incredulidad desorientada ni siquiera fue capaz de sentir terror. Pero después supo que era cierto. Su corazón volvió a la vida y comenzó a latir con fuerza, sacudiéndole el cuerpo. Escuchó un quejido bajo, incoherente y se dio cuenta de que ese sonido extraño y desencarnado era su propia voz.

Empezó a retroceder lentamente, como arrastrado por el tirón inexorable de un hilo. La Señorita Aldridge estaba sentada detrás de su escritorio, apoyada contra el respaldo de la silla giratoria. El escritorio estaba a la izquierda de la puerta, frente a las dos ventanas altas. Tenía la cabeza caída sobre el pecho y sus brazos colgaban flojos sobre los brazos curvos de la silla. No podía verle la cara, pero sabía que estaba muerta.

Tenía una peluca larga de juez sobre la cabeza, los rígidos bucles de crin de caballo eran una maza de sangre roja y parduzca. Se acercó a ella y apoyo el dorso de la mano derecha contra su mejilla. Estaba helada. Más fría que la muerte. Aunque suave, su gesto hizo que una gota de sangre se desprendiera de la peluca. Horrorizado, la observó deslizarse como un torrente lento por la mejilla muerta hasta quedar temblando en la punta del mentón. ¡Oh Dios, pensó, está fría, está mortalmente helada, pero la sangre sigue corriendo! Aferró instintivamente la silla para sostenerse, y, para su horror, la silla giró lentamente y el cadáver quedó de cara a la puerta, con los pies doblados sobre la alfombra. Naughton tragó saliva y retrocedió, mirando aterrado su propia mano como si esperara encontrarla pegajosa de sangre. Se inclinó hacia adelante y, agachándose, trató de verle la cara. Tenía la frente, las mejillas y un ojo cubiertos de sangre congelada. El ojo derecho estaba limpio. Su mirada muerta, fija en alguna lejana enormidad, parecía expresar una terrible malicia.

Retrocedió lentamente, magnetizado. De algún modo se las ingenió para salir. Con manos temblorosas cerró con llave las dos puertas, con lentitud y extremo cuidado, como si temiera que un movimiento torpe pudiera despertar a la horrible cosa que yacía adentro. Guardó la llave en el bolsillo y caminó en dirección a la escalera. Sentía mucho frío y no estaba seguro de que sus piernas pudieran sostenerlo, pero logró llegar abajo. Por lo menos tenía la mente despejada, milagrosamente despejada. Cuando levantó el tubo del teléfono ya sabía lo que debía hacer…”

 

 

Double Indemnity


“Yes, I killed him. I killed him for money – and a woman – and I didn’t get the money and I didn’t get the woman. Pretty, isn’t it?”

Estas palabras pronunciadas por el protagonista casi al inicio de la película dan comienzo a un extenso flash back, que dura casi todo el film, donde se cuenta la historia de un crimen, y de unos criminales, historia cuyo final ya se nos anticipa….

Con guión de Raymond Chandler, y basado en una novela de James M. Cain, Billy Willder, en uno de sus primeras incursiones como director, nos presenta este gran film de 1944, que contiene muchos elementos de lo que, por aquella época, los franceses comenzaron a llamar el “Film Noir”.

Ambientado con la inquietante banda sonora de Miklos Rosza y la fotografía en blanco y negro de John Seitz, vemos a un agente de seguros – interpretado por Fred MacMurray llevado al crimen por una hermosa y despiadada mujer -inigualable Barbara Stanwyck como arquetipo de “mujer fatal” y un excelente Edward G. Robinson, como visagra de esta historia de ambición, amor, odio, crimen y amistad.

En su biografía de Billy Wilder, “Nadie es Perfecto”, el periodista Hellmuth Karasek, afirma:

“ La película de Wilder en este género [el negro]  es un acto pionero y una obra maestra. Y su película introduce algo radicalmente nuevo: los delincuentes de su película no son criminales profesionales, no pertenecen a la mafia ni a una banda, son personas normales, de clase media, arrastradas por la ambición y la pasión sexual.

Igualmente radical es el hecho de que sea el mejor amigo quien descubra el delito, más bien con tristeza y contra su voluntad, y en modo alguno como un triunfo de la justicia. Así que el espectador se pone de parte de los asesinos y teme a la justicia, solidarizándose con los protagonistas..”

El prestigioso periodista y crítico de cine uruguayo, Homero Alsina Thevenet al momento de su estreno, afirmó, en la revista Marcha * del 2/3/45 lo siguiente:

“La TESIS MORAL es la de que el crimen “no paga”; la tesis intelectual es la de que el crimen puede ser un buen negocio si ese crimen es perfecto. La naturaleza humana (la ausencia de perfección en la inteligencia humana, la ausencia de un total dominio de la inteligencia sobre toda otra función humana) se inclina a ratificar la primera tesis. Como queda magistralmente expuesto en Crimen y Castigo, importa algo más que la perfección intrínseca del crimen, importa la perfección en la conducta del criminal porque de la serenidad mantenida, de la fingida indiferencia con que debe enunciar sus compuestas coartadas, depende el evitar que caiga sobre él una primera sospecha que le será luego fatal. Esas coartadas no son perfectas si, como en el caso, son dos los criminales y no existe un absoluto y riguroso entendimiento entre ellos.

Esta película no es policial en el sentido que el término pueda explicar de búsqueda de un anónimo culpable. Desde un principio sabemos su identidad, sabemos el origen y la realización de un crimen. La película es psicológica, inteligente, (es decir, original); se dirige con más rectitud a estudiar la evolución de sus personajes (afectados por la confianza en su inteligencia al tiempo que por el temor de sus errores) que a desentrañar ocultos factores de su trama. Tal contextura de film exige un rigor lógico, una observancia del detalle, un diálogo ceñido, una colaboración perfecta de cámara y de música y de intérpretes. Por poseer tales virtudes, por lograr, sobre todo, una unidad completa de ellas, por ratificar en su director Billy Wilder a una de las personalidades más netamente inteligentes de las que Hollywood nos ha mostrado como tales (Orson Welles, John Huston), la aplaudimos y recomendamos…”

*En Homero Alsina Thevenet, Obras Incompletas tomo 1

 

Ficha Técnica:

 

Título original: Double Indemnity (También  se estrenó en varios países con el nombre de Perdición, y,  Pacto de Sangre)

Año: 1944

Duración 106 min.

País: Estados Unidos

Director: Billy Wilder

Guión :Raymond Chandler, Billy Wilder (Novela: James M. Cain)

Música: Miklós Rózsa

Fotografía: John F. Seitz (B&W)

Reparto: Fred MacMurray, Barbara Stanwyck, Edward G. Robinson, Tom Powers, Porter Hall, Jean Heather, Byron Barr, Richard Gaines, Fortunio Bonanova, John Philliber, Bess Flowers, Miriam Franklin

Productora:  Paramount Pictures